viernes, 16 de septiembre de 2022

Descubrir las huellas femeninas en nuestros lugares practicando el geocaching


Entrevista realizada por Mercedes G. Rojo a Pilar Escamilla con motivo de su afición al geoaching.


A partir de la experiencia y la propuesta de nuestra colaboradora Pilar Escamilla Fresco, conoceremos una Astorga en Femenino que ella misma ha creado y nos acercaremos a otros recorridos ya existentes

Por Mercedes G. Rojo

Sección: Miscelánea en rojo

Sábado, 17 de septiembre. 2022

En el mundo de la visibilización femenina aún queda mucho trabajo por hacer. Por ejemplo, seguro que nuestras localidades esconden trocitos de historia (unas veces más cotidiana que otra) de mujeres que pasaron por sus calles dejando su impronta de alguna manera. Algunas veces dicha huella se ve reflejada en algunos monumentos, en el nombre de calles, parques o rincones,… ¡pero otras…!

Pues bien, nuestra compañera Pilar Escamilla Fresco, ya sabéis ferviente colaboradora de nuestro MasticadoresFEM en el que comparte entrada cada dos semanas con nosotros/as, alternando temática, ha querido aprovechar una de sus actividades favoritas el geocaching para, al tiempo que satisface su curiosidad sobre los lugares que visita, incitar a otros posibles aficionados a esta modalidad turística a conocer alguno de esos destinos, en esta ocasión en clave femenina. En concreto, la localidad de Astorga.

Como es lógico, siendo de allí, me ha encantado la idea que puso en marcha el pasado mes de agosto, aprovechando una de sus periódicas visitas a la zona. No es su primera propuesta en el geocaching, pues ya tiene algunos cachés publicados en Rivas, localidad en la que vive y trabaja, aunque sí es su primera propuesta en clave femenina, así que se me ha ocurrido entrevistarla al respecto para que conozcáis de primera mano en qué consiste esta nueva experiencia. Por si queréis aprovechar a hacer una visita diferente si pasáis por el lugar, uno de los hitos más importantes del Camino de Santiago, donde se unen –al Camino Francés, que es el más conocido de todos ellos-, los caminos que vienen desde otras direcciones, siempre con Santiago de Compostela como destino final. Y ¡quién sabe!, si también sentís afición por el geochaching, en cualquiera de sus modalidades, tal vez os animéis a realizar propuestas similares (“en femenino”, digo) para vuestras propias localidades o para aquellas que consideréis merecen la pena ser conocidas desde tal punto de vista.

Como dice la propia Pilar, “arenita a arenita conseguiremos hacer playa”, así que aquí va su entrevista y que cunda el ejemplo.

A PROPÓSITO DE… ENTREVISTA A PILAR ESCAMILLA FRESCO

Pilar, me ha encantado esta propuesta que has puesto en marcha pero deberíamos comenzar por el principio. Para quienes como yo no tienen muy claro a qué nos estamos refiriendo ¿Qué es exactamente eso del geocaching y cómo se practica?

En algunos sitios dicen que el geocaching es una nueva modalidad de encontrar tesoros. Yo creo que esto puede llevar a error. En realidad es un juego que mezcla visitar sitios con buscar cosas. Los jugadores escondemos “cachés” que, la mayoría de las veces, son cajitas tipo estanco (cajitas metálicas de chicles o de plástico de medicamentos, en esto somos muy recicladores) que dentro esconden un papelito (logbook) que hay que firmar. Gracias a la ayuda del GPS, cuando vas a los sitios puedes ver qué hay escondido, buscarlo y, si lo encuentras, firmarlo. Luego te apuntas las firmas también en la página web o en la app y vas ganando puntos conforme encuentras más. Si consideras que una cajita con un papelito dentro, escondida en cualquier sitio, es un tesoro (yo sí lo considero) esto es el geocaching. Pero que no espere la gente encontrar regalos o cosas muy valiosas porque eso no es el objetivo del juego. A mí me ayuda mucho a moverme, a caminar más (si veo que hay un caché a, por ejemplo, quinientos metros, pues ya tengo el camino de ida y el de vuelta, jajaja), y a conocer sitios nuevos, ya que cuando vas a cualquier ciudad estos “tesoros” a veces te llevan a partes menos conocidas pero muy interesantes que, de otra forma, igual no visitarías.

He creído entender que hay varias modalidades ¿nos puedes hablar de ellas y de lo que cada una aporta?

Como he dicho, en el geocaching lo que se buscan son cachés. En un resumen muy breve hay varios tipos de ellos:


Acreditándose ante un caché tradicional: las cajitas con papelito que he dicho antes. Algunas veces, si el lugar lo permite, son contenedores más grandes que permiten el intercambio de pequeños juguetes, pero esto no es lo más habitual en zonas urbanas porque el terreno de la ciudad no permite esconder cajas muy grandes.

  • earthcachés: suman a este juego la geología. Suelen hacer preguntas sobre rocas y otros materiales que puedes responder sobre el terreno, cumplir unos requisitos (que suelen ser publicar una foto que demuestre que has estado allí). En estos no hay caché físico que encontrar, pero sí sitios muy interesantes que descubrir.
  • virtuales: te llevan a sitios imprescindibles, más o menos conocidos. Como el earthcaché, normalmente hay que responder a alguna pregunta y publicar una foto que demuestre que has estado allí. Tampoco hay caché físico, pero te pueden llegar a enseñar los sitios menos conocidos y más curiosos.
  • mistery: son un caché tradicional en el que las coordenadas finales están «escondidas» bajo un juego de ingenio en el que tienes que averiguar cosas dispares escondidas en la descripción del caché 
  • adventure lab: estos también son virtuales, son como las gymkanas, pero dándole una vuelta. Suelen tener una media de cinco paradas, que pueden ser o no secuenciales. Te proponen rutas y te ayudan a visitar y a conocer los sitios que visitas. Cuando llegas a cada una de las paradas propuestas, se te activa una pregunta que tienes que resolver con los elementos que encuentras en el terreno. Algunos labs, al final, tienen un bonus o caché extra que sí es físico y que sólo cuando has realizado el lab completo puedes ir a buscar y firmar.
¿Qué tipo de público participa principalmente en este tipo de actividades?

Pues te sorprendería, ya que es todo tipo de público. Hay gente de todas las nacionalidades ya que es un juego que está en todo el mundo, y de todas las edades. Hay gente joven, público adulto de todas las edades, familias, etc. Es decir, no podría decirte qué tipo de público porque cualquiera encaja entre los jugadores que practicamos el geocaching.

¿Cómo llegas tú a proponer o idear la realización de una ruta dentro de este marco de actividad? ¿Por qué en Astorga y por qué en femenino?


Las adventure labs que antes he comentado no las puede publicar cualquier jugador. Normalmente son los administradores de la web a nivel internacional (que están en Estados Unidos, creo) los que, conforme vas jugando y obteniendo puntos te van dando acceso a más características. Yo solicité la creación de una adventure lab (como muchísima más gente) sabiendo que era poco probable que me la adjudicaran. Pero lo hicieron. Y me vi con la posibilidad de crear esta aventura tipo gymkana. Y claro, había que aprovecharla bien. Yo normalmente resido cerca de Madrid. Pero esta zona está sembradita de adventure labs. Astorga es mi ciudad familiar, adonde acudo en verano, donde tengo mis raíces. Otro equipo de jugadores ya había creado una adventure lab en Astorga este año, pero vi que había “hueco” para una más. Y quise darle el empujón feminista porque me pareció una opción no sólo muy interesante sino vital. Hay que ir visibilizando las protagonistas que la historia ha ido ocultando para retornarlas al lugar que les corresponde y re-escribir la historia en todos los géneros, sin ocultar ninguno.

¿Te ha costado encontrar puntos de referencia en la ciudad o, al contrario, has tenido que dejar otras fuera?

Me ha costado, sí. Y mira que estoy metida de lleno en estos temas. He pedido ayuda a una de las personas que más saben de esto: Mercedes G. Rojo (igual la conoces, jajaja). He dejado fuera algunos, que igual en un futuro retomo para algo más, pero sí me ha costado. En este adventure lab de Astorga en femenino he querido recoger estas cinco historias:
  • Castorina, la escultora 
  • Colasa
  • La esclava Lyda
  • Manolita López
  • La Esfinge Maragata


Algunos de los puntos que recorren la ciudad siguiendo las huellas femeninas por ella.

Pero no quería dejar fuera la historia tan fascinante y terrible de la celda de las emparedadas. Me pareció que esta historia merecía un lugar propio, así que para ella creé un virtual. Por eso tengo en Astorga el virtual de la celda de las emparedadas y el adventure lab de Astorga en femenino.Celda de las Emparedadas – https://www.geocaching.com/geocache/GC9P8HR
Astorga en femenino – https://adventurelab.page.link/WWx5

De todos los puntos escogidos ¿cuál es el que más te ha sorprendido?

Yo tengo mi favorito fuera del adventure lab en la celda de las emparedadas, por eso le he dedicado un caché sólo a ella. Pero dentro del lab me ha sorprendido, y mucho, la casa donde residió Concha Espina, con la placa que aún se puede ver en su fachada y el completo estado de abandono que tiene la misma. Siendo como es de un personaje tan relevante y tan importante. Creo que habría que darle una vuelta y hacer allí algo digno de visitar, una casa museo con el tema de la mujer dentro de la Maragatería, teniendo en cuenta toda la polémica que causó la publicación de su novela La esfinge maragata, más en tiempos recientes que en su momento, en el que resultó todo un éxito de edición, no solo en España, sino en el mundo entero.

Estas dos propuestas tuyas, llevan apenas unas semanas en funcionamiento: ¿podrías hablarnos ya de una respuesta frente a las mismas? ¿Cómo están funcionando?


El caché virtual de la Celda de las emparedadas lo publiqué el día 3 de agosto. Actualmente tiene ya 24 visitas y casi todas destacan el desconocimiento, la dureza y lo interesante de la historia. Además le han puesto ya cuatro favoritos, eso es que las personas que lo han visitado han considerado destacar la visita entre otras.

El adventure lab lo publiqué el día 4 de agosto. 14 personas han seguido ya la ruta desde entonces y 8 han puesto comentarios, habiendo obtenido una puntuación de 4’8 sobre 5, y en los comentarios suelen destacar que les ha resultado una iniciativa original y una buena propuesta, habiendo

En Astorga hay otro adventure lab, más tradicional, que te lleva a los sitios más tradicionales de la ciudad en cuanto al turismo. El mío se puede realizar a la vez que éste y eso, creo, ayuda a que lo realicen más personas y además le aporta algún punto más de interés, así como una nueva visión, en femenino, del recorrido turístico por Astorga.

¿Qué crees que pueden aportarnos propuestas como esta? ¿Son interesantes para descubrir la presencia femenina a través del tiempo en nuestras localidades o queda en algo meramente anecdótico?

Mira, yo soy una persona que estudió en la EGB. En mis libros de texto apenas había mujeres. Creo recordar, por ejemplo, que a Concha Espina la mencionaban, junto con otras, en una línea. Pero a sus compañeros de generación les dedicaban párrafos, incluso páginas completas. Y por lo que tengo entendido en la actualidad no es muy diferente. Si a nuestros y a nuestras estudiantes sólo les mostramos la mitad de los modelos a seguir, no avanzamos. Y no es porque mujeres como Concha Espina o Manuela López no tuvieran repercusión, sino porque las han ocultado. Y creo que hay que ponerlas en el sitio que ocuparon, que no fue una mención en una línea. Espero que no quede como algo anecdótico y que propuestas como estas sirvan para seguir creando playa, como te decía el otro día, arenita a arenita conseguiremos hacer playa. Todo suma. Todos y todas sumamos. O eso me gusta creer.

Tal vez sea deformación profesional pero se me está ocurriendo que podría ser una actividad muy recomendable para la población estudiantil: una actividad llena de dinamismo que les invita a indagar más sobre su entorno y organizar la información de forma adecuada para que le resulte interesante a posibles visitantes de la zona ¿tú cómo lo ves?

No se trata de cómo lo vea yo, sino cómo lo ven ellos, los estudiantes. Te puedo comentar que hay institutos que integran el geocaching entre sus actividades y que hay profesores que animan a sus alumnos a esta actividad que les da conocimiento y les anima a realizar una actividad física. Así que no es algo que estemos nosotros inventando, es algo que ya existe. En cantidad pequeña, pero existe. Y espero que vayan sumándose cada vez más profesores y profesoras a esto, porque considero que es un plus a la actividad docente con mucho que aportar, sin descontar que la parte lúdica es vital para poder tener un aprendizaje real y duradero.

Y ahora háblanos de tu propuesta sobre “Astorga en femenino” ¿qué vamos a encontrarnos si nos apuntamos a la misma? ¿Cuáles han sido tus propósitos al diseñarla?

Como he comentado más arriba, hay otro adventure lab en la ciudad. Quise diseñar una propuesta que pudiera realizarse, más o menos, en paralelo a la existente para complementarla y darle un plus. Ya he comentado las paradas que he seleccionado. Hay mujeres reales, personajes más o menos creados y también está Colasa. Así que, como ves, hay un poco de todo.

Si os animáis a hacerla os pediría que, ya que estáis, hagáis también la otra propuesta de Cuna de la Maragatería: https://adventurelab.page.link/qhAK

Así tendréis una visita más completa de la ciudad. Debido a las dimensiones de Astorga, estas dos visitas en paralelo no os llevarán más de una hora (las dos juntas) y podréis tener la visión turística tradicional y conocer, en sus lugares favoritos, a algunas de las protagonistas que más merecen no ser olvidadas.

¿Conoces otras propuestas de “geocaching” que se centren en puntos de interés en los que específicamente estén presentes las mujeres? ¿Podrías recomendarnos alguno más que conozcas en otros lugares?

Como te he comentado, el geocaching es una actividad a nivel mundial. Propuestas en términos femeninos hay unas cuantas. Te voy a destacar algunas, pero os animo a buscar por palabras clave, etc. porque están saliendo nuevas propuestas continuamente y esto se está renovando en cada momento. Así, de un vistazo rápido, puedo recomendaros estos, pero hay muchos más. Como te dije no es algo que yo haya inventado, es algo a lo que yo me he sumado:MAURIZIA LAB https://adventurelab.page.link/cZpL
Lliberada, una olotina il·lustre https://adventurelab.page.link/nooL
04MPH-Mujeres para la Historia: Indira Gandhi https://www.geocaching.com/geocache/GC6CM0QSerie de 10, la primera es ésta: 01MPH-Mujeres para la Historia: Emmeline Pankhurst https://coord.info/GC6CP41
Serie: Muchas mujeres y un hombre. Teano de Crotona https://coord.info/GC7VXAC
Serie: WIH Women in Veterinary Medicine https://coord.info/GC99RE2
Serie: 19th Amendment: Women Right to Vote, 1920 https://coord.info/GC8HQ4H
Mujeres – Huda Sha’arawi: https://www.geocaching.com/geocache/GC87QH2

Y ya para terminar, y como nos has convencido con tu propuesta para este tipo de turismo tan especial, ¿qué pasos debo seguir si a partir de ahora quiero comenzar a practicar el “geocaching”?

Lo primero es registrarse en la web de geocaching https://www.geocaching.com/ es gratuita. Así podrás ver los cachés que hay por las zonas que visites, ir registrándolos y sumando puntos. La app oficial de Geocaching a mí no es la que más me gusta, yo uso c:geo, que si tenéis ganas es muy fácil de usar. Para los labs hay que descargarse la app de Adventure Lab https://labs.geocaching.com/ y registrarse con los mismos datos que en geocaching para que se vinculen ambos registros. Y una vez dentro os irá guiando, paso a paso, por las distintas aventuras.

No hace falta nada que no tengamos todos, o casi todos: un móvil con GPS, curiosidad, ganas de aventura, y muchas ganas de divertirnos.

Te pongo los enlaces a los otros cachés que se pueden también buscar en Astorga, para que veas que hay más propuestas. Pero hay cachés en sitios muy dispares como Brazuelo, San Justo de la Vega, etc. Os animo a meteros en el mapa y curiosear.


EarthCacheLas torres de arenisca. Catedral de Astorga: https://www.geocaching.com/geocache/GC58F5D

Adventure Lab:Astorga: Cuna de la Maragatería: https://adventurelab.page.link/qhAK
Mystery Cache: Bonus Lab cache https://www.geocaching.com/geocache/GC967F0

No quiero terminar esta entrevista sin darle de nuevo las gracias a nuestra compañera Pilar por esta iniciativa que sin duda nos abre nuevos horizontes para conocer mejor una pequeña ciudad, cruce de caminos, que aún guarda muchos tesoros que mostrar a quien quiere conocerla en todo su explendor. Y en esa historia que la ha convertido en lo que es hoy, la huella de las mujeres que también lo hicieron posible, aunque aún muy invisibles, también están presentes.

Y por supuesto gracias por esta entrevista que, al menos personalmente, nos muestra una forma diferente y viva de conocer aquellos lugares por los que pasamos, con una modalidad de turismo que cada vez practican más personas.

domingo, 11 de septiembre de 2022

Amor, neurosis y vida 6: El arte de romperse un día

Entrada original: El arte de romperse un día.

“Hay una grieta en todo, así es como entra la luz.”
Leonard Cohen

Vienes a mí con una cicatriz enorme que atraviesa tu mirada. Te miro y soy consciente de que la cicatriz ha sido herida, aunque es o está siendo reparada. Me acuerdo de algo cuyo significado he aprendido recientemente: el arte kintsugi (o kintsukuroi). Este arte habla de la belleza de los objetos reparados, de arreglar las roturas con una resina e impregnarle oro en la grieta. Las roturas, así, forman parte de la historia de los objetos y los embellecen. Pienso que una herida es una rotura. Pienso en tu herida. Hay dolor en ella. Y un silencio manifiesto. Y me siento cercana a ti. Porque yo también sé lo que es romperse un día. Y tratar de sobrevivir cicatrizando a la vez que no sangras pero te dueles.

“La herida es el lugar por donde entra la luz”, lo decía el poeta Rumi. Y sé que quiero colarme en tu cicatriz y quedarme a vivir allí para siempre.

Hubo un día en que todo pareció temblar bajo tus pies. Hay sensaciones que nadie quiere recordar. Te falta el aire. El aire que tantas alegrías te ha dado, el aire que infla tus pulmones, el aire que te alimenta de oxígeno, el aire que te empuja mientras corres. Pero hay un día que ese aire no está a tu alrededor. O al menos tus pulmones no lo respiran. Y tu corazón se desborda. Y todo se te hace inmenso, inmenso, inmenso… Y tú eres cada vez más pequeño. Ése es el día en que sabes que tienes una cicatriz. Pero la cicatriz lleva tiempo abierta, y por ahí brota en vez de sangre, tu vida a borbotones. La magia de una vida que sentías tuya ha desaparecido de golpe, y ya nada es lo que era. Ya nadie es lo que era. Ni tú sabes quién eres. Creías tenerlo todo. Y en un chasquido de dedos, lo perdiste. Tus pies se tambalean. El suelo tiembla y ya no sabes ni si quieres quedarte en pie.

Un puente atraviesa un río vacío. No hay agua. Una herida cruza el cambio de año. No hay sangre. Si no hay agua parece que no hay río. Si no sangras parece que no hay herida. Pero sabes que el río estaba ahí, igual que sabes que la herida está ahí. Aunque no haya ni agua ni sangre. Un puente que recorres a diario con los ojos llenos de ese río ahora desaparecido. Buscando en la luz de una niña un hueco a la esperanza. Es lo que te ata a la tierra y a la vida. El ancla que te da estabilidad y por la que aún no ha virado tu barco hacia ningún acantilado. Y sigues sin poder respirar, sin poder respirar, sin poder respirar…

Hay heridas que parece que nunca dejan de doler. Heridas que nunca olvidas. Heridas que parece que siempre sangrarán dolor al recordarlas. Es importante recordarse que puedes sobreponerte, que puedes seguir adelante, que puedes volver a amar. Sobre esa herida es difícil construir. Pero no imposible. Parece que faltan fuerzas para pelear, para avanzar. Pero ahí están, escondidas tras los ojos marrones de una niña rubia. Esos ojos son la energía que te empuja a alcanzar lo imposible.

Un año después nuestras miradas se cruzan sobre un sofá naranja con gata. Me gusta mirarte de perfil. La herida ha cicatrizado, pero sigue ahí. Hay oro en el reguero del río. “Has de saber -te digo- que deseo abrazarte y recorrer con las yemas de mis dedos todos tus caminos”.

 
De Haragayato – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, Enlace

Más información sobre el Kintsugi: https://es.wikipedia.org/wiki/Kintsugi

Publicado originariamente en: Caradeluna.

No te olvides de la banda sonora de estos relatos: Neurosis

TEJIENDO EN LA SOMBRA



Tejiendo y leyendo y escribiendo y viviendo y soñando y amando y… y todo lo que hago siendo todo lo que soy. Ahí estoy yo, detrás de este filandón violeta, intentando sobrevivir en una gran ciudad donde me siento hormiga, leyendo, escribiendo y recitando poesía, siendo madre, trabajadora y poeta de guardia, como decía nuestra querida Gloria.

Me llamo Pilar Escamilla Fresco y si quieres saber de mí búscame aquí: www.caradeluna.es
Pero ante todo lee poesía, lee poesía todos los días de tu vida. Y si tienes hijos, léeles poesías. Sin poesía, no hay vida.

viernes, 19 de agosto de 2022

Mencia de Mendoza

 “Ya sé que no corresponde esta labor a una persona de mi posición, y mucho menos a una mujer. Por eso te pido este favor. Sé de tu discreción y no tengo ninguna duda de que llevarás a buen puerto todo lo que te encomiendo. Has de seguir mis indicaciones con rigor. Sé que por tu profesión esto no te resultará complejo.”


Dionís Clemente miraba a la marquesa con aparente calma y permanecía en un silencio meditativo. Era un hombre pequeño, que se encogía más cuando estaba ante personalidades de la categoría de la marquesa. Ella era una mujer espectacular y no dejaba a nadie indiferente. Le había hecho llamar para hablarle de un “negocio”. Sentada en un inmenso sillón de terciopelo carmesí hecho a medida, Mencía de Mendoza, marquesa de Zenete, miraba fijamente a este notario insignificante que le habían recomendado por su discreción y fidelidad, “cual perrito faldero”, le habían dicho. La marquesa llevaba unos guantes de color esmeralda con bordados de hilo de oro con los que jugaba poniéndoselos y quitándoselos de manera lenta y repetitiva. Dionís se sentía cada vez más pequeño. Había oído muchas historias sobre la marquesa, pero todas se quedaban cortas frente a lo que tenía ante sus ojos.


El cuarto donde Mencía recibió al notario Dionís Clemente no fue elegido al azar: la biblioteca. En este palacio que ella tanto amaba, tenía pocos rincones donde la intimidad estuviera garantizada. Estaban en plena negociación con el Duque de Calabria para un nuevo matrimonio y ella no iba a consentir que nada se interpusiera ante sus intereses. En su biblioteca, Mencía sabía que podía estar horas y horas sin ser molestada. Tenía escondidos entre los cientos de libros algunos de sus más preciados secretos. Otros, estaban a la vista y la horrorizaban. Pero su orgullo y su estirpe no le permitían ningún desliz.


“Como ves, ésta es una de las mejores bibliotecas del país” - continuó Mencía - “en ella he crecido y en ella he pasado los mejores momentos de mi vida. Cada página de las aquí guardadas lleva un recuerdo de mí. Amo el conocimiento y soy buena defensora de las ideas de Erasmo. Éste es otro de los motivos por los que no puedo permitir que nadie conozca la verdad de esta obra que ahora te entrego.”


La marquesa ofreció al notario un paquete enorme finamente sellado con lacre. Él quiso abrirlo. Ella le detuvo. Le costaba moverse y respiraba con dificultad. Pero la mirada era clara, firme y directa. Ni por un momento se le hubiera ocurrido desobedecerla.


“Hágalo en casa. Léalo de una sentada, tiene una semana para hacerlo, aunque espero que necesite menos. Después, entrégueselo al impresor Francisco Díaz Romano, sito en Extremadura. Me han informado que no pondrá pegas para publicarlo. Respete el texto íntegro. No cambie nada, ni la dedicatoria. Será nuestra forma de reconocerme autora del libro, sin serlo. Amo el estudio, como le decía, pero estas novelas de aventuras y desventuras caballerescas, con princesas, amores y desamores, me apasionan. Pocos lo saben. Piensan que entre estos libros que nos rodean, los de caballeros son sólo los heredados por mi padre el marqués, pero hay muchos más, y todos los he disfrutado en secreto. Una mujer de mi posición no debería ni acercarse a estos libros que tanto me distraen. Es indigno. Imagínese el revuelo que se formaría si alguien sospechase que yo soy aficionada a este género, y más aún que he escrito uno de estos libros que tan poco gustan en mis círculos.”


Mencía le proponía algo inaudito para él. Le entregaba un manuscrito con el texto de una novela de caballeros inmensa. La más grande de la que él había tenido conocimiento. Quería que fuese publicada con el nombre suyo, Dionís Clemente. Como notario, nadie pondría en duda su autoría. Él, que no había leído ni una de esas noveluchas en su vida y que todo a lo que se dedicaba era a trabajar y a estar con su familia el poco tiempo libre que le quedaba. Pero la oferta era muy generosa. Aparte del reconocimiento que pudiera tener del posible éxito literario de la obra de la marquesa, y del rédito que le diera la venta de los ejemplares, Mencía de Mendoza le ofrecía, en efectivo, una cantidad tan generosa de dinero que podría estar varios años sin trabajar y no pasar apuros ni él ni su familia. Aún así, pensó, no cambiaría nada en su vida. Guardaría esos ahorros para ir haciendo mejoras en su casa y para poder ofrecer a sus hijos la vida que a él tanto le costaba ganarse.


La marquesa era muy grande. Dionís Clemente se sentía muy pequeño ante ella. Tanto por su posición como por su tamaño físico. Ella le tendió la mano y él le ayudó a incorporarse. Le costaba mucho hacerlo. Con cada movimiento Mencía respiraba fuerte, ahogándose y con un dolor bajo los pesados ropajes que a Dionís no le pasaba desapercibido. Era hermosa, mucho. De eso no había ninguna duda. Pero ahora entendía las burlas y las sátiras que tanto había oído sobre su persona. La marquesa estaba enferma y día a día los kilos se la iban comiendo. Literalmente. Dionís Clemente pensó que si no fuera porque ella era quien era, hacía tiempo que la habrían desahuciado. Pero Mencía de Mendoza era una de las mujeres más poderosas del mundo conocido. Y eso la mantenía en pie.


Dionís Clemente llevó el paquete con cuidado a su oficina. En su casa no le iban a dar margen para poder hacer lo que le había encomendado la marquesa. Abrió con cuidado el lacre finamente puesto para cerrar el paquete y leyó la primera página: “La Crónica del muy alto príncipe y esforçado cavallero Valerián de Ungría”. Empezó a leerlo y sólo de detuvo para dormir unas pocas horas y recuperar fuerzas. En dos días, con sus dos noches, lo había devorado. En la primera parte se hablaba de Pasmerindo, rey de Hungría y padre de Valerián. En la segunda, que ocupaba la mayoría de las páginas del manuscrito, el protagonista era ya el propio Valerián, la princesa Flerisena, así como otros caballeros. El tema del rapto de la princesa a manos de la maga Boralda le pareció algo vulgar, pero quién era él para juzgar este texto. Si además no había leído ningún otro de este género.


Al amanecer, le hizo llegar una nota a la marquesa: “Su fiel servidor le va a dedicar, si me lo permite, una obra de caballeros que acabo de escribir sobre Valerián de Hungría. Lo voy a mandar a un editor extremeño. Es mi deseo obtener un gran éxito con esta aventura. Espero que sea de su agrado.”


Mencía leyó la nota y sonrió. Supo así que su secreto iría a la tumba con el notario y que el libro saldría adelante, con la dedicatoria a la marquesa incluida. Nadie más sabría de este vicio que ella disfrutaba con tanta pasión. “Hablarán de mí en el futuro, de una u otra manera, lo harán.”


Referencias bibliográficas


DUCE GARCÍA, Jesús (2017), Mencía de Mendoza y los libros de caballerías, Tirant, 20, pp. 25-36

GARCÍA PÉREZ, Noelia (2004), Mencía de Mendoza (1508-1554), Madrid, Ediciones del Orto.

MUÑOZ, Ferran (2001), Mencía de Mendoza y “La Viuda” de Mateo Flecha: las ensaladas de Flecha “El viejo”, su relación con la corte de Calabria y el erasmismo, Valencia, Alfons el Magnánim.



Breve reseña de la autora

Pilar Escamilla Fresco. Escritora y fotógrafa / Madrid – España.

Barcelona, 1976. Tiene sus raíces divididas entre León, Madrid, Cuenca y Barcelona. Reside en Rivas Vaciamadrid desde hace más de 20 años. Es Licenciada en Económicas y tiene estudios de postgrado en Biblioteconomía y Documentación. Actualmente trabaja como bibliotecaria.

Escribe desde que tiene conciencia de saber hacerlo. Lectora voraz, participa en movimientos como bookcrossing y geocaching.

Otras caras de ella son como narradora oral o fotógrafa amateur.

Ha coordinado varias secciones de creación literaria en revistas como Zarabanda y La Keli. Ha salido publicada en varias revistas literarias como Alhucema (Granada), Adveniens (Alcalá de Henares) y en la revista digital El Grito (editorial Celya).

Ha participado activamente en el Programa de la Red de Arte Joven de la Comunidad de Madrid. Colabora habitualmente con el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid organizando eventos poéticos. Habitualmente la puedes encontrar en conciertos, recitales y micros abiertos en Madrid donde su participación en los mismos es asidua. Sus últimas participaciones han sido en el ciclo Cálamos y Péndolas (Madrid), L`Ekole Poetique (León) y en el encuentro poético-musical "Solsticio en Turgencius" en Turienzo de los Caballeros (León).

Es colaboradora de MasticadoresFEM (https://masticadoresfem.wordpress.com/)

Tiene publicados 4 poemarios y ha participado en numerosas antologías con textos poéticos y relatos.

Web: www.caradeluna.es

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Relato publicado en el libro: 101 Relatos Bibliotecarios, de la Editorial Vinatea. ISBN: 978-84-123600-8-0

domingo, 10 de julio de 2022

Amor, neurosis y vida 5. Café, cigarro y piel


Tu imagen me persigue cada vez que cierro los ojos y me abrazo a mí misma en silencio. Tú sabías abrazarme y calmarme como pocas personas han sabido hacerlo. Hoy es tu cumpleaños, y ya no estás aquí para celebrarlo, pero yo sigo hablando contigo. Cierro los ojos y te llamo, y me explicas ese pasado que yo desconozco, y pones un punto de razón sobre todo aquello que me descoloca y me rompe a diario. Sé que en algún momento de tu vida te rompiste tan profundamente que nada ni nadie fue capaz de arreglarte. Siempre de pie, con un café en la mano, en la otra un cigarro encendido. Un saco de huesos y piel, me dices, dame cuarto y mitad y compartimos tu exceso con mi defecto. Y nos reímos. Te acaricio. Estás áspera y suave a la vez. ¿Cómo es posible? Porque tú estás llena de belleza que no eres capaz de ver. Me dices: «Pili, aplícate el cuento». Hablamos de dormir. Te digo que el sueño es algo que involuntariamente nos aleja de nuestros monstruos. «O nos acerca», me dices. No sé si tus pesadillas eran eso. Para mí mis pesadillas existen mientras estoy despierta. Pero tú siempre me decías que no, que las llevamos siempre dentro.

Tengo muchas imágenes de ti en mí. Tantas que no sé por dónde empezar. Tu boda y yo enseñando presumida ese anillo que por fin estrenaba. Tú embarazada, Javier corriendo por las calles de San Román y Astorga junto con mi hermana Ana. Tú enseñándome tus casettes de Pimpinela, Jeanette y Charles Aznavour. Yo cantando contigo. Las dos desafinando. Descubro un poema en una postal dentro de uno de tus libros. «¿Es tuyo?», te pregunto. «No, querida», me dices «yo no tengo ningún talento». Mientes, Bego, mientes y lo peor es que no lo sabes. Tienes millones de talentos y has dejado agujeros tan profundos en todos nosotros que no podrán taparse jamás. Pero porque no queremos taparlos. Porque todos querríamos que siguieras a nuestro lado, recorriendo las Ramblas mientras nos reímos de quienes llevan colonia de pijos o vestidos imposibles. Eres mi ángel, lo sé. Me enseñaste mucho, aunque no lo pudieras saber o quisieras creer. Me enseñaste a ser valiente. A enfrentarme a mis miedos. Me diste las ganas de vivir que a ti te faltaban. Me enseñaste a mirar la vida por todos los lados. Me enseñaste el Romance del Conde Olinos. Me enseñaste a leer poesía en las estanterías llenas de libros de historia del abuelo. Me enseñaste a buscar más allá de lo que vemos. Me enseñaste la rabia. Me enseñaste la resignación. Pero acompañada de ganas de luchar. Me enseñaste a no rendirme. Me enseñaste la lasaña y los fideos de arroz con verduras. Si soy adicta al café creo que es por ti. Me enseñaste a llorar, llorar suave, llorar callado, llorar alto, llorar a gritos, llorar de cualquier forma, pero llorar. Te dolía la vida a la vez que la amabas. Amabas respirar mientras fumabas y te lanzabas de cabeza, directa, a estrujar esos pulmones que te alejaron de todos los que te queremos y seguimos pensando en ti tantas veces que pareciera que no te has ido, pero lo hiciste, lo hiciste. Y duele saberte ausente.

Allá donde estés quiero que sepas que no te hemos olvidado, ninguno. Tu hijo es un hombre bueno, hermoso, trabajador y feliz. Ha encontrado la paz y el amor. Yo sigo con mis luchas, pero voy venciendo poco a poco a mis demonios. Me gustaría que vieras en qué me he convertido, todo lo que he conseguido y estoy consiguiendo. Me gustaría que conocieras a mi hija ahora que ya no es un bebé, la adorarías. Y te alucinaría como me alucina a mí. Te consideré siempre mi hermana mayor. Eras mi madrina, mi dulce hada madrina. En los días y las noches, protegiéndome sin saberlo, sabiéndote a mi lado y sintiéndote cerca. Que sepas que toda esa oscuridad que te tragabas no podía apagar el enorme corazón que tenías. Pero sí apagó tus pulmones. No puedo evitar pensar que hoy cumplirías 60 años y que tenemos que celebrarlo, joder, porque 60 años es una edad increíble. Pero no estás aquí para celebrarlo. En cambio aquí estoy yo, de madrugada, llorando porque quiero abrazarte una última vez. Como aquel fin de semana que me escapé a tu casa a la espalda de la Sagrada Familia para verte en ese hospital donde te consumías. Y lloraste como una niña pequeña al verme porque no me esperabas. Y te abracé pensando que quizás no volvería a hacerlo… Y no volví a hacerlo… no a ese cuerpo menudo, pequeño, frágil que siempre me miraba con más amor del que yo creía merecer. Y en eso somos tan iguales: amamos tanto a los demás que nos olvidamos de amarnos a nosotras. Pero las coincidencias entre tú y yo no se quedan ahí. La enuresis nocturna que tanto tiempo se me ocultó que tú también padeciste tantos años. El amor imposible. La culpabilidad. La fusta interna que hace que seamos culpables de cualquier desastre que ocurra. El miedo. Pero la sonrisa para los demás, el abrazo incondicional y esa inmensa facilidad de escuchar y querer, de amar a pesar de todo, gracias a todo.

Una de las últimas frases que me dijiste fue para mí una de las más importantes de mi vida: «Pilar, cariño, no hagas con la comida lo que yo he hecho con el tabaco.». Y a punto he estado de fallarte. Pero no lo haré, no lo haré. Porque allá donde estés quiero que mires con orgullo que yo de ti he aprendido lo que no llegaste a creer nunca: las ganas de vivir.

Te echo de menos. Siempre te echaré de menos. Y nunca, nunca, nunca dejaré de quererte.


Más ilustraciones sobre la depresión: depression illustrations.

Publicado originariamente en: Caradeluna.

No te olvides de la banda sonora de estos relatos: Neurosis



TEJIENDO EN LA SOMBRA


Tejiendo y leyendo y escribiendo y viviendo y soñando y amando y… y todo lo que hago siendo todo lo que soy. Ahí estoy yo, detrás de este filandón violeta, intentando sobrevivir en una gran ciudad donde me siento hormiga, leyendo, escribiendo y recitando poesía, siendo madre, trabajadora y poeta de guardia, como decía nuestra querida Gloria.

Me llamo Pilar Escamilla Fresco y si quieres saber de mí búscame aquí: www.caradeluna.es

Pero ante todo lee poesía, lee poesía todos los días de tu vida. Y si tienes hijos e hijas, léeles poesía. Sin poesía, no hay vida.

lunes, 13 de junio de 2022

Amor, neurosis y vida 4. El lobo respira libertad


Ilustración de: Shawn Coss

Muere lentamente quien pasa por la vida en la sustancia gris de la oficina al trabajo. Por eso tú no mueres lentamente, sino intensamente. Tres de la mañana. Mi sueño se apaga para ir al baño. Te descubro tecleando de manera compulsiva con la espalda algo corvada delante del ordenador. Tus ojos están rojos. Tus manos no sueltan ni el cigarro ni la cerveza. Y algo en tu mirada me dice que has vuelto a hacerlo, que has vuelto a vomitar los textos que mañana harán estremecer a todos tus lectores. Buscar tus manos mientras me pides que me siente a tu lado. Regar la noche con cerveza y aroma a tabaco barato. Besarte las orejas. Morderte el labio inferior. Abrazarte con fuerza. Sentir tu respiración en mi pecho mientras acaricias mis pezones. Robarte una canción. Escucharte cantarla. Tus hoyuelos de madrugada picarones y sonrientes. Sombras bajo los cuadros que adornan tus paredes. No quieres ni oír hablar de dibujos, bolis bic o similares. Eres Alberto, el de los libros. Te acuestas a mi lado. Me miras mientras mi respiración se corta porque la apnea quiere dejarme soñando en el inconsciente. Te asusta mi respiración, pero te has acostumbrado a ella. Sabes que antes del minuto de silencio vuelvo a coger aire. Me ahogo y lo sabes. Mi cuerpo me ahoga y me miras con pena y con cariño. No sé muy bien cuál sentimiento de esos dos es el más fuerte. Dices que me quieres con una voz dulce y pausada. Yo cierro los ojos. Quiero que me hables de tus fantasmas pero no me atrevo a preguntarte. Tiene que ser algo que tú quieras hacer. Hablar. Hablarme de las cámaras ocultas. Hablarme de las voces que ya no sé si sigues oyendo. De tu loro Charly. Tu madre llorando mientras te mira al otro lado de la puerta. Tú hibernando en una habitación que Marisa bautizó como la habitación del pánico. Abrazarte más fuerte de lo que lo haría una camisa de fuerza. Mamá y papá que te quieren mucho. Pero que no te entienden. Explota tu cabeza como una olla exprés repleta de palabras e imágenes. Lecturas por hacer. Lecturas iniciadas. Lecturas finalizadas. Erudito sólo con abrir los labios y pronunciar una palabra. Quién sabe de qué hablas. Pero hechizas a tu auditorio. Buscas a Serrat. Penélope. Con su bolso de piel marrón y sus zapatos de tacón y su vestido de domingo. ¿Me ves a mí con un bolso de piel marrón o con unos zapatos de tacón? Creo que ni tengo vestido de domingo. Penélope. Cantas con el cigarro sujeto por dos dedos largos con las uñas cuidadas. Me levanto a prepararme un café. ¿Quieres uno? Cargado, dos cucharadas de azúcar. Hazme las migas que me hacía mi abuela. Desnudar mis defensas al ritmo de Silvio. Dices que también hablo en sueños. Tú sólo roncas, a veces más, a veces menos. Depende de lo que hayas bebido antes de caer rendido. Tu voz dulce. Pilar… Pilar… ¿estás? Ese abrazo en medio de la sala. Tú en pijama. Yo a medio vestir. Ven esta noche. Quédate conmigo. Me gusta hablar contigo. Mañana madrugo, Alberto el de los libros. Yo necesito pagar mi hipoteca y trabajar. No quiero dormir, sino estar a tu lado, beberme tus palabras a sorbos de cebada con limón y dejarme mecer por el vaho de las ventanas de una terraza cerrada. Un perro en una calle sin asfaltar en un pueblo. Un pueblo lleno de borracheras y resacas de infierno. Cristales y polvos mágicos. El sueño de una inteligencia cuya imaginación desborda de imágenes los cuadernos. Recrearme en tus labios. Una pantalla desprotegida de tu imaginación a la que atacas a golpe de teclado con la mirada ida. Resistir en medio del miedo. El encierro. No entiendo nada, mamá. ¿Dónde estás, mamá? Ven a buscarme, hace frío y estoy solo. El señor de la bata blanca me mira mal. Dice que no vendrás a por mí. Sácame. Llévame de vuelta con la abuela Ciriaca. Quiero sacar a Charly de su jaula para conversar con él sobre unos textos inéditos de Wallace. Me dijo que quería que le siguiera leyendo más capítulos. Cariño, sé que necesitas descansar, pero cuánto quiero que te quedes conmigo más tiempo. Ven a sentarte a mi lado. Bésame. Abre la boca. Abre más la boca. ¿Te gustan mis besos? ¿Soy guapo? Perdóname, estoy muy borracho. Acuéstate si quieres. Pero cuánto me gustaría que te quedases conmigo charlando.


Ilustraciones arquitectónicas de de F. Babina.

Publicado originariamente en: Caradeluna.

Banda sonora de estos relatos: Neurosis


TEJIENDO EN LA SOMBRA


Tejiendo y leyendo y escribiendo y viviendo y soñando y amando y… y todo lo que hago siendo todo lo que soy. Ahí estoy yo, detrás de este filandón violeta, intentando sobrevivir en una gran ciudad donde me siento hormiga, leyendo, escribiendo y recitando poesía, siendo madre, trabajadora y poeta de guardia, como decía nuestra querida Gloria.

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domingo, 15 de mayo de 2022

Amor, neurosis y vida 3. Vuelo en el desierto

Publicación original: Amor, neurosis y vida 3. Vuelo en el desierto


Fuente: Shaun Tan

Al final de la nube, un halcón te ignora. Despliegas tus alas de nailon sobre el verde nevado. Vuela, vuela alto. Vete lejos donde los conflictos se hacen minúsculos y desaparecen bajo el microscopio. Ser una célula cancerígena que se reproduce por doquier y dejar de buscar el escrutinio sobre las mayúsculas en un puente elevado. Agarra tu mochila, que no se la lleven. Dentro cables, adaptadores y el cerebro de tu primer oso de peluche. Rescata esa pestaña suicida que se cuela entre tu nariz y tu labio superior. La barba negra, rizada, poblada. Recoge los cabellos que despejan la frente iluminada por el cansancio. Insatisfacción bronceada bajo un puente del Teleno al infierno. Un río de hadas que sobrevuelan cantos rodados y nieves perpetuas. Una torre se cruza en el infinito de tus pesadillas. Caminando entre chabolas que se cruzan con las luces perpetuas de la Castellana. Y cierras los ojos. Los párpados raspan granos de arena con las pupilas marrones que no quieren chillar. Es el desierto. Sudán a tus pies. Arena suave como polvo de talco tostado al sol. Se hunden los pies. Camuflas los dedos tras las sandalias de esparto. Llueve polvo. Llueve polvo. Y la arena se mezcla con la sed de tus labios resecos. Vuelves a tu cama. A la almohada de los deseos de aquella que no amas. A los sueños palpitantes de los sexos de todas las mujeres a las que amaste. A los ríos de pólvora que sembraste en plazas de grano de siglos pasados. Silencio. Silencio. Silencio. Crees que tu cabeza no puede más. Estallará y extenderá la metralla por todos los acantilados del Atlántico. Volar como un pájaro. Ser ese halcón que vuelve a ignorarte frente a ti. Las nubes bajas. Las sombras de los cuatro molinos de Don Quijote sobre el Parque Norte. Sentirte pequeño, encogerte, hundirte en el hormiguero que es el metro de Madrid. Vuela. El metro de Madrid vuela. Pero tú no vuelas. Inviertes tus días y tus noches en consumir lo que ganas, en beberte lo que queda de tus nóminas tras pagar el alquiler y las facturas. Zumo de cebada y lúpulo. Espuma. Charlas. La soledad entre los millones de vidas cercanas. Gente que te quiere. Gente que te llama. Gente que te habla. Demasiadas palabras. Te ahogan. Te ahogas. Cierras los ojos. Una playa inmensa ante tus pies, también descalzos. El silencio del mar calmo del meridiano. Olas pequeñas. Ni un alma. Y una arena esta vez blanca y suave. Ahora sí parecen polvos de talco. Hundes tus pies descalzos. Polvos de talco que tu madre, Margarita, usaba contigo y con tu hermano de pequeños. Ven, te dice, dame un abrazo. Hijo, no seas tonto, no dejes el trabajo. Hijo, ven a mi lado. ¿Estás bien? El Parque de los Reyes de España, unos columpios sin niños y la bicicleta atravesando la ciudad. Y la música perenne en tu cabeza. Simuladores de vuelo. Cuatro cuerdas. Seis cuerdas. Un ukelele, diez guitarras, una kalimba, un contrabajo, el ruido de las mudanzas sobre las pesadillas. Atrapar las pesadillas con una red india. Ventanas con vistas al infinito y más allá. Socorros sobre asfalto en carreteras de pago. Una motocicleta sin conductor. Los ruidos del tractor recogiendo los fardos de paja al acabar el verano. Las moras al lado del río. Meriendas con nocilla y chorizo. Baños sin ropa. Las chicas del pueblo crecen. Crecen sus cuerpos. Crecen. Aguadillas y besos robados sin oxígeno. No respires. Abrázame. Abrázame fuerte. Toma mi lengua en el paladar de tus encías. Vuelve el nailon donde los halcones hacen sus nidos. Aterrizajes sin señales de tráfico, stops ni direcciones únicas. Quizás el tobillo flojea pero no es hora de llorar. Los hombres no lloran. Los hombres no lloran. Los hombres no lloran. La plaza de Santa Ana, la fuente de los Siete Caños. Buscar tras los sauces las lágrimas que los hombres no derraman. Dos ríos para una ciudad de reinos visigodos. Que no me falte el aire. Mar y cometas sobre la playa. Células madre. Envejecer o vivir eternamente. Soñar que eres inmortal. Sólo puede quedar uno. Pero eso es falso. El cáncer avanza. Enfermedad del siglo XX. Enfermedad del siglo XXI. Cáncer sobre fondo rojo de puesta de sol en medio del desierto. La arena en dos copas de vino tras el cristal de la vitrina. Cuchillo bereber para partir los alimentos. Se me queman los pies. En la playa y en el desierto, el sol convierte los granos de arena en carbones de un incendio. Mover el cuerpo hacia la izquierda. No estarse quieto. La música de Riaño sobre un acantilado blanco. Cómo hacerla comprender que no la quieres de compañera. El amor duele. Te duelen las encías, te duelen la rodilla derecha, el tobillo izquierdo. Escaleras para un cuarto en piso compartido. Nubes, nubes y nubes. Estrellas sin polvo ni ceniza. Eccemas. Tu piel se cae como tus recuerdos. Vuelves al pueblo. Al fogón de la abuela. A los cuentos al pie de la cama. Al silencio de una noche plagada sólo de grillos. A salir a la calle tras el colacao y las galletas maría y recorrer las calles llenas de cagarrutas de oveja, pequeños conguitos que riegan el recorrido de la cañada. El lúpulo en la carretera. Volver al canal a mojar los pies y a bañarse desnudo. Cinco años y una guitarra hecha con hilos y una caja de madera. Cerrar los ojos. Descansar… simplemente.

Fuente: Shaun Tan


Las imágenes de este post son del libro «El árbol rojo» de Shaun Tan. Más información: Shaun Tan

Publicado originariamente en: Caradeluna.

Banda sonora de estos relatos: Neurosis


TEJIENDO EN LA SOMBRA


Tejiendo y leyendo y escribiendo y viviendo y soñando y amando y… y todo lo que hago siendo todo lo que soy. Ahí estoy yo, detrás de este filandón violeta, intentando sobrevivir en una gran ciudad donde me siento hormiga, leyendo, escribiendo y recitando poesía, siendo madre, trabajadora y poeta de guardia, como decía nuestra querida Gloria.

Me llamo Pilar Escamilla Fresco y si quieres saber de mí búscame aquí: www.caradeluna.es

Pero ante todo lee poesía, lee poesía todos los días de tu vida. Y si tienes hijos e hijas, léeles poesía. Sin poesía, no hay vida.

“Te buscaba con ansia”

“Te aseguro que alguien se acordará de nosotras.”


Querida, no he podido despedirme de ti en persona porque fuerzas mayores me lo han impedido. Espero sepas perdonarme y comprenderme. Permíteme, no obstante, unas palabras que me hubiera gustado decirte en persona pero que han de ser, dadas las circunstancias, por este medio.


Como bien sabes, desperté a la realidad el día que cumplí 15 años y escuché a mis padres hablar de mi matrimonio. Tenían varios pretendientes, y estaban discutiendo la opción que más les interesaba. A ELLOS. No se habían siquiera planteado preguntarme. Desde el quicio de la puerta los escuchaba horrorizada y, casi sin poder creer lo que estaba oyendo, entré en pánico. Un pánico que me duró, bien lo sabes, hasta que llegué a tu casa. Tras la celebración familiar de la que no pude escabullirme me despedí y les dije que me iba a descansar. Mentí. Salí como pude de la casa familiar y huí todo lo rápido que pude. Había oído hablar de tu Casa de Servidoras de las Musas, y era en lo único que podía pensar. Me pareció el refugio más seguro.


“Llegaste –te buscaba con ansia –, refrescaste mi pecho que ardía de deseo.”


Llegué sin más equipaje que mis lágrimas. Pero me acogisteis como si fuera una más de vuestras hermanas desde el primer momento. Fue traspasar el umbral y entrar en ese patio y sentir que la palabra hogar tomaba, por fin, todo su significado.


En tu casa aprendí muchas y muy valiosas cosas. Me quedo con dos: la poesía y la escucha activa.


Me recibieron dos muchachas. Una era menuda, de ojos castaños y vivarachos. Me sonreía, como si con su sonrisa pudiera calmar los nervios y los miedos con los que entraba. La otra era alta, muy rubia, con los ojos claros, parecía una diosa. Me gustó la cercanía de la primera y la belleza de la segunda. Se presentaron. La primera se llamaba Atis. La segunda Níobe. Me cogieron de la mano y me acompañaron para asearme, darme ropa limpia, y llevarme a mi cuarto. ¡Mi cuarto! Me ofrecisteis un cuarto, la paz que necesitaba, y la cercanía de todas esas mujeres que parecían no tener nada en común, pero que hacían andar la Casa con los engranajes bien cuidados.


Los primeros días me dediqué a observar. Me gustaban las reuniones donde mujeres como tú se dedicaban a enseñar sin dar clases, en una conversación sosegada con otras muchachas que atentas debatían y escuchaban. Pronto me di cuenta de que el lenguaje, en la Casa, era la llave que abría cualquier cerradura y cualquier corazón.


Atis me acompañaba enseñándome los rincones de toda la Casa y me explicaba hasta donde creía que debía explicarme. No pude resistirme a esos ojos...


“Me enamoré de ti, un día lejano, Atis. Me parecías una niña desgarbada y menuda.”


Así, quise hacer como tú y llamar a la diosa Afrodita para que bajase en su áureo carro llevado por gorriones, para que me escuchara e intermediase entre ella y yo. Bien sabes que no pudo hacer nada, mi cobardía no le dejó avanzar demasiado.


Me hubiera gustado hundirme en su pecho y usarlo de almohada como tantas veces os escuché mientras recitabais los versos que tanto me estremecían.


“Durmiendo en el pecho / de una tierna amiga.”


Pero siempre dormía sola. Desconozco si Atis fue consciente del nerviosismo de mi piel cuando ella me tocaba, pero ahí estaba... y me costaba horrores disimularlo.


“Se han ocultado ya / las Pléyades, la luna: mediada está la noche, / la hora propicia escapa, / yo duermo sola.”


De noche, sola en mi cuarto, soñaba con ella y me preguntaba dónde andaría, con quién, qué pensaría y si podría ser yo el objeto de sus versos. Mi escaso talento para la poesía pronto quedó en evidencia. Era capaz de admirar los cantos de nuestras hermanas, pero no era capaz de componer nada, un nudo en la garganta y en el estómago se hacía inmenso cuando deseaba traducir a palabras mis emociones... y sólo podía callar.


“Mas de tocar el cielo inabarcable no me creo capaz.”


Pero no sólo soñaba con sus versos. Deseaba acariciar su vientre blando y suave. Se me antojaba como el mejor lugar donde alojar mis cabellos. Y me hundía entonces, confundida, en mi cama buscando con el sueño olvidar ese torbellino que me atoraba los sentidos y me dejaba muda y absorta frente a ella.


“Eros ha sacudido mis entrañas / como un viento abatiéndose en el monte / sobre las encinas.”


Durante los días no podía más que buscar su sombra entre los muros y los árboles. En las reuniones la miraba de reojo buscando algún signo de que también ella me observaba. Creí sentir algo que no pudo ser verdad. Ella sólo tenía ojos para Níobe. Lo supe una mañana que vi a Atis salir del cuarto de Níobe antes del alba.


“Si se ha desbordado la cólera del pecho, / preciso es vigilar / la lengua que ladra atolondrada.”


Dejé de participar en las reuniones, dejé de escuchar poemas al atardecer. Sólo podía pensar que quería estar sola, dormir sola, morir sola...


Te diste cuenta rápido. Nada parecía escapar de tu ojo observador. Te acercaste a mí un día después de la comida y empezaste a hablarme. Era la primera vez que hablabas directamente conmigo. Yo siempre te había observado y escuchado, y pensaba que tú no nos veías más que en grupo. Pero ese día me sorprendiste. Qué buena observadora eres. Desde el primer día me describiste los movimientos que yo pensé que nadie me notaba, y también sabías perfectamente por qué ahora ya no me sentía pletórica sino apagada. Me cogiste de la mano y me explicaste que el mar está lleno de peces. Que Atis y Níobe se han encontrado la una a la otra, que eso me tenía que hacer feliz porque ellas eran felices. Yo te miré perpleja. “¿Cómo puedo encontrar un pez para mí?” - te pregunté. Y me respondiste con la mirada llena de dulzura: “Deja de buscar, cuando dejas de buscar es cuando finalmente encuentras lo que necesitas”.


Puede que tengas razón, pero han pasado ya varios meses y yo sigo igual, sin poder siquiera mirar a Atis, o a Níobe, o a ti, o a cualquiera de nuestras compañeras de la Casa. Sólo puedo pensar en estar sola. Por eso he decidido huir lejos. Aún no tengo claro dónde me dirigiré. Intentaré poner mar y tierra entre nosotras. Si con el tiempo me siento más cómoda en mi piel, volveré. Mientras, trataré de encontrar la manera para superar este dolor que tanto me atormenta.


“Sobre un blando almohadón / te acomodaré los miembros”


Gracias por abrirme las puertas de tu Casa.


Siempre tuya,


Leto


Nota de la autora: los textos entrecomillados son de Safo en la traducción de Aurora Luque.

LUQUE, A. Safo: Poemas y testimonios, Barcelona, Acantilado, 2020