jueves, 24 de agosto de 2017

Olvidarte o morir de amor

 Cuentan que los elefantes tienen una memoria excelente.

Recuerdan más allá de lo que nuestra imaginación puede sospechar.

Si pierden a un ser querido, sufren un duelo inmenso.

La manada se vuelca con ellos, los cuidan.

Ya con los cuerpos descompuestos, son capaces de reconocer el esqueleto de quienes amaron y acariciarlo.

Y se han dado casos en los que evitan de comer y se acuestan cubiertos de lágrimas.

Dejándose morir, literalmente, de amor.


Es ahora cuando he de enterrar tus huesos.

Recuerdo cada rincón que la piel que los cubría me tocó.

No quiero recordarlo.


Te llevo hacia el páramo

donde árboles y matorrales secos

serán tu única compañía.

Llevo la sombra que dejaste cuando marchabas

y la luz que me diste cuando volvías.

Te llevo despacio, casi sin que te des cuenta.

Quiero enterrarte en lo más profundo de la Laguna Negra.

Allí donde no te encontraré jamás.

Y de donde jamás volverás a salir.


Voy sola.

Le dije a mi sombra que se quedase en casa.

No quiero testigos que recuerden

dónde te puse.

Tus huesos pelados huelen a ti.


Ha sido imposible quitarles el olor

de la mañana recién horneada

y de las legañas que abrigan tus ojos.


En el cesto chocan entre ellos.

Y su voz suena a calimba africana.

Mientras camino,Llorosa como un ángel de piedra

que esconde su rostro dolido entre sus manos.

Llamando con gemidos aguados

a quien sonríe entre cervezas sin espuma.


voy dejando melodías al viento.


Llegando al lugar el viento camufla mi rostro.


Los ojos se esconden

tras el límite que el aire marca.


Vuelven las lágrimas.


Vuelves.


Respiro.

Respiro hondo.


No podré.


Ahora sé que no podré.


He de volver atrás

y buscar

el sitio

donde me dejaré caer.


Huellas

viernes, 4 de agosto de 2017

Soy la Reina de los Mares

Soy la reina de los mares
y ustedes lo van a ver
tiro mi pañuelo al suelo
y lo vuelvo a recoger, a recoger.
Popular
Nací germen de plata en un río cerca del Mediterráneo.
Y era algodón dorado con tubérculos rizados.
Mis dedos soplaban gorgojos y leche en polvo.
Querían que fuese paloma blanca sobre fondo rojo.
Fui obediente y complaciente.
Hicieron de mí una torcaz suave que a los pocos años
se convirtió en lobo malo sin culpar a nadie.
Y entonces fui caperucita roja en una noche sin otoño.
Cociné bizcocho de nueces y canela pero sólo salió odio del horno.
Y otro lobo me devoró sin sombras que testificaran su culpa.
Me retorcí. Saqué las uñas. Prendí fuego con mi furia.
Y el lobo no me vomitó. Me retuvo en sus entrañas
hasta que crecieron pequeñas alas en mis pupilas doradas.
Volé, o creí hacerlo, hacia un pueblo sin aceras.
Escribí con tiza en todas las calles para mostrar mi dolor.
Y lloré sangre sin saber cómo. Me prestaron pañuelos de seda,
pero fueron inútiles. Para quemar mis náuseas tuve un plan.
Las sepulté bajo perlas arco iris que vaciaron mis tripas.
Las lavaron. Lo hicieron varias veces.
Lo intentaron con agua de montaña. Pero había polvo.
Y fui entonces ave fénix. Y mis cenizas llovieron.
Regué con ellas los escenarios de varias ciudades.
Me aplaudían. Me sentí cisne después de creerme patito feo.
Licencié mi sabiduría con tablas numéricas y fórmulas mágicas.
Pero acabé volviendo a mis libros de hechizos
para robar la felicidad de almohadas ajenas.
También fui princesa de fábula y tuve mi caballero.
Montaba un hermoso corcel negro mientras salía a mi encuentro.
Quiso derribar al dragón que me tenía encadenada.
Pero fue imposible. Me había enamorado de sus fauces de fuego.
El miedo me llevó de la mano de un príncipe gitano.
Las cataratas azabache que adornaban su rostro me dieron paz.
Me cantó bajo la luz de mi luna y me llevó a un palacio en el desierto.
Allí fui madre de una sirena de agua dulce.
Al poco volvió mi ser negro. Fui bruja volando en escoba.
Mi caldero espumaba incertidumbre y dolor.
Y no fui capaz de retener la erupción volcánica
que vertió todo eso sobre las alfombras de palacio.
Y me sentí perdida en un laberinto de hormigas.
Tuve que volver a llorar.
Y mis lágrimas fueron océanos con peces de colores
que mataron el desierto de mi palacio y lo llenaron de flores.
Al final me volví Reina de los Mares.
Y allí, entre mis truenos y mi incertidumbre,
no encontré delfines a los que contar mis penas.
Pero fui feliz. O eso creí.

Pilar Escamilla Fresco


*Ver también el video poema: "Soy la Reina de los Mares".

domingo, 7 de mayo de 2017

Madre

El saber popular dice que madre no hay más que una, pero debería ser actualizado. En mi caso no hay más que una, pero a veces hay dos, o tres, o tiene que sustutuirla papá, o la abuela, o esa persona que te quiere, y a veces no hay ninguna, y tienes que hacer de madre de tus hermanos... Pero yo tengo una, y la mía es la que hace siempre las mejores croquetas, el mejor cocido, la mejor lasaña y el bizcocho más rico.

Yo tengo a mi madre, y tengo la suerte de poder disfrutarla de cerca siempre que podemos. Y ella a la suya. Somos afortunadas. Aunque la cabeza de mi abuela no sepamos muy bien dónde está, aún podemos abrazarla. Mi abuela Edisa, mi madre Fredesvinda, yo y mi hija Edisa. Somos cuatro generaciones de mujeres distintas. Pero que se quieren. Hoy, como todos los primeros domingos de mayo, deseo abrazarte y decirte, madre, que tengo en ti mis raíces más profundas y queridas (Raíces), que tú me has dado herramientas para ser yo madre y proteger a mi hija de cualquier cosa, hasta de los monstruos de sus pesadillas (Los monstruos tienen miedo de las mamás).

Y, como decía Nerea, del grupo Negar (que luego se llamó Estación Norte):

"Ahora que estás a mi lado,
ahora te quiero decir,
que voy a echarte de menos
cuando te tengas que ir..."

Os pongo un enlace para escuchar la banda sonora de hoy: Sin pijama

Subid el volumen y escuchad la letra.

Feliz día, mamá, te quiero mucho, mucho, mucho. Y lo sabes.

Y os dejo con una imagen...


Feliz día a todas las mamás, presentes y futuras.