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lunes, 18 de agosto de 2014

Azul

De adolescente, mi cuarto lo pinté de azul. Mi primer cuarto propio, porque en la antigua casa compartía habitación con mi hermana pequeña. Pinté mi cuarto, las paredes y el techo, de azul. Azul tristeza, azul melancolía, azul celeste, azul cielo. Y en el techo, rodeando la lámpara y abarcándolo todo, estrellas, todas las estrellas que pude conseguir. De esas que brillan en la oscuridad. Y una luna, no podía faltar una luna grande.

Mi antiguo cuarto sigue siendo azul. Mis padres lo volvieron a pintar, pero mantuvieron el color. Cambiaron los muebles, aunque no todos. El espejo que yo decoré con motivos vegetales a base de pinta uñas (era un contrachapado lacado, el pinta uñas fue lo único que agarró) aún está donde lo puse: encima del radiador. En ese espejo me vi convertir en mujer. En ese espejo lloré, reí, me maquillé, me odié y me amé.

Hace un par de años escribí a esas paredes azules que aunque ya no me rodean aún viven en mí.