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domingo, 19 de enero de 2014

Finales felices

Nos hemos criado creyendo en los finales felices. Y el final feliz era siempre el mismo: se enamoraron, se casaron, y fueron felices. Y no nos gustaba la película o la historia si no había un final feliz.

Mis amigas y yo pensábamos en que cuando creciéramos nos casaríamos con un chico que nos iba a amar para toda la vida y que tendríamos con él hijos, muchos hijos. Vestirnos de princesas en nuestra boda era una gran ilusión muy emocionante, y como anticipo, los hermosos vestidos blancos de Primera Comunión, algunos hasta con velos y tules. Hermosas novias virginales de apenas nueve años.

El ritual de belleza nos decía que daba igual qué hiciésemos, que bastaba con ser bella. Que cuando eres bella todo lo mágico te puede suceder. Pero nos mirábamos en el espejo y veíamos niñas de carne y hueso, no muñecas de porcelana. Con todo eso hemos tenido que crecer y pelear para llegar a ser las mujeres que hoy somos.