lunes, 21 de abril de 2008

El efecto somnífero del embarazo (de otros)

Esta mañana una amiga que sale de cuentas a finales de mayo me comentaba un sorprendente efecto secundario de su embarazo (bastante notorio): la gente que va sentada en el metro, al verla entrar, se queda dormida. Deberían recomendarlo algunos médicos, en vez de tanto somnífero y relajante.

Yo, en general, tuve suerte durante mi embarazo y me dejaban el asiento casi al verme entrar por las puertas. También es verdad que tenía un truco: pedirlo directamente. Nadie se negaba. Muchos ya me conocían (solía coincidir con ellos) y al verme entrar directamente me cedían el asiento. La verdad es que llega un momento en que pierdes la vergüenza, y, sinceramente, creo que más vergüenza le tendría que dar a todos esos "bellos durmientes" del metro.

Desde aquí un homenaje a todas las futuras mamás, a los minusválidos (aunque sea temporal, es decir, el que va con muletas tiene una minusvalía, temporal pero minusvalía), a los ancianitos, a los papás (en genérico) que llevan a sus bebés en metro y a todos los que les dejan el asiento sin tener que pedirlo, simplemente por educación. Me gustaría decir también que una mujer embarazada necesita el asiento no sólo por lo mal que esté ella con todo el tema del embarazo, sino que también lo necesita porque su bebé debe protegerse a toda costa y no debe ser expuesto a frenazos, golpes, caídas, empujones, etc. Los motivos son dobles.

Una anécdota: estaba yo con triponcio de impresión y me encuentro con un antiguo conocido de la infancia. Tras tirarse (él) 20 minutos hablando de aquellos maravillosos años, de qué ha sido de cada uno y tal y cual pascual me pregunta ¿y tú qué tal, alguna novedad?. Y yo que llevaba los 20 minutos acariciándome la tripa porque la nena se movía como un terremoto (él sentadito, claro), total que cuando le digo (increíble, se lo tuve que decir) que esperaba una niña ya habíamos llegado a nuestro destino y ya no hacía falta cederme el sitio. Estaba de 7,5 meses, y se me notaba y muchísimo. Ese día me lo tomé con humor porque el tipejo es un tipejo y no merece más consideración que la de que en nuestra infancia compartía juegos con mi hermano. En fin, para qué contar más.

Besos a todos y feliz semana

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