domingo, 10 de diciembre de 2017

Insomnio

Días de dormir acompañada, que hace mucho frío ahí fuera.
Texto completo: Insomnio.

Perdonad la mala calidad del audio, los medios de que dispongo son limitados.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Ven conmigo

Un regalo para este finde largo. Para ti, que me escuchas y me lees. Gracias.
*****

Ven esta noche conmigo.
Desata mis vértebras
.                                            una a una
mientras culebreo en tus entrañas.
Siente cómo bailo sin uñas
y luego las saco para hacerte gritar mi nombre.
No sé si sabes
que las yemas de mis dedos
tienen el perfume de tus arterias
y que si te cuelas entre mis piernas
te haré gritar en sueños.
Ven esta noche conmigo.
Cúbrete con mis pestañas
y deja que mis senos rodeen
.                                                 el aire que respiras.
Quizás descubras que tengo escondidos
los rincones que tus pesadillas buscan
.                           para jugar al escondite conmigo.
Ven esta noche a mi lecho.
Déjame dibujarte con mi pintalabios.
Pintar tus lunares con mi rimmel
y recortarte para que adornes mis poemas.
Te llevaré en silencio a la playa
donde desearás gritar mi nombre tres veces,
y donde suplicarás que suelte los rotos
con los que te adorno.
Ven conmigo esta noche
a romper mi voz con tu lengua,
a recorrer mi piel que sabe a vainilla y galletas.
Desliza tu mano indiscreta bajo mi blusa
y llena de ti mi vientre maduro.
Ven conmigo esta noche.
Mañana será tarde
y al despuntar las nubes rosas en el horizonte
me habré marchado para siempre de tus duraznos.
Si quieres te llevaré conmigo de la mano
a recorrer el Mediterráneo
y convertiré mi cuarto en un barco
donde el deseo se maree sin apenas rozarlo.
No pierdas la oportunidad.
No siempre te esperaré despierta.
Ven
.            conmigo
.                                esta noche.

viernes, 10 de noviembre de 2017

El día menos pensado

El día menos pensado
el café te sabe dulce y no amargo,
te preparas una tostada con jamón serrano,
y los alfileres de agua no duelen cuando te duchas.

El día menos pensado
decides ir a trabajar con tu camisa de flecos,
con una flor en el pelo, los labios pintados
y una sombra rosada en los párpados.

El día menos pensado
coges el autobús y descubres sorprendida
que la primavera llora amapolas sobre las rotondas,
y el cielo amanece sin nubes aparentes,

El día menos pensado
Madrid te engulle sin masticar y de golpe
no duele el aire gris o la sombra de los rascacielos,
ni tú te duermes por los pasillos del metro.

El día menos pensado
quien te quita el sueño desaparece de tus noches
y te das cuenta de que hace más de dos días
que no pronuncias su nombre cerrando los ojos.

El día menos pensado
sabes, y no sabes por qué lo sabes,
que has empezado a olvidar y no quieres hacerlo,
pero que debes girar en la siguiente plaza.

El día menos pensado
te acuestas con mariposas en la almohada
y despiertas con un atrapasueños
colgado de tu ventana aún cerrada.

Pilar Escamilla Fresco

Ilustración: Luiso García

domingo, 15 de octubre de 2017

Los recuerdos nublados

Los recuerdos nublados,
como tu despertar.
Costa rocosa de Galicia,
que amaneces borrosa
y recibes al día
pensando en la despedida.
Mas no es sino una forma
de decir buenos días
sin una sonrisa.
Galicia melancólica,
triste y dormida.
Bajo las aguas enterradas
de tus Rías Baixas
mis sueños más hermosos yacen,
esperando resurgir
quizás ser olvidados.
Los recuerdos nublados, Galicia,
como tu risa, mar y costa rocosa,
que amaneces borrosa,
y recibes caricias,
que ya están perdidas.
Galicia, como tu brisa. 
Pilar Escamilla Fresco 

Durante varios años de mi adolescencia fui a pasar parte del verano a la Playa Patos, en el Concello de Nigrán, una zona rocosa y poco explotada en aquella época, situada entre Vigo y Bayona.  Mi tío Benja, mi tío guay, el que hacía parapente y viaja como ninguno, el que nos daba vueltas en su moto, allí tenía un apartamento que nos dejaba en verano. Y yo paseaba por esa playa salvaje y miraba esa tierra rebelde que siempre me dejó enamorada, siempre, siempre... y hoy, más que nunca. Aunque este poema no es nada bueno, tiene más de 25 años y yo, yo, hoy, no quería acostarme sin recordar aquellos momentos que también estuvieron llenos de incendios en la zona.

Nunca máis, nunca máis, nunca máis...


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Café, cigarro y piel

Tu imagen me persigue cada vez que cierro los ojos y me abrazo a mí misma en silencio. Tú sabías abrazarme y calmarme como pocas personas han sabido hacerlo. Hoy es tu cumpleaños, y ya no estás aquí para celebrarlo, pero yo sigo hablando contigo. Cierro los ojos y te llamo, y me explicas ese pasado que yo desconozco, y pones un punto de razón sobre todo aquello que me descoloca y me rompe a diario. Sé que en algún momento de tu vida te rompiste tan profundamente que nada ni nadie fue capaz de arreglarte. Siempre de pie, con un café en la mano, en la otra un cigarro encendido. Un saco de huesos y piel, me dices, dame cuarto y mitad y compartimos tu exceso con mi defecto. Y nos reímos. Te acaricio. Estás áspera y suave a la vez. ¿Cómo es posible? Porque tú estás llena de belleza que no eres capaz de ver. Me dices: "Pili, aplícate el cuento". Hablamos de dormir. Te digo que el sueño es algo que involuntariamente nos aleja de nuestros monstruos. "O nos acerca", me dices. No sé si tus pesadillas eran eso. Para mí mis pesadillas existen mientras estoy despierta. Pero tú siempre me decías que no, que las llevamos siempre dentro.

Tengo muchas imágenes de ti en mí. Tantas que no sé por dónde empezar. Tu boda y yo enseñando presumida ese anillo que por fin estrenaba. Tú embarazada, Javier corriendo por las calles de San Román y Astorga junto con mi hermana Ana. Tú enseñándome tus castettes de Pimpinela, Jeanette y Charles Aznavour. Yo cantando contigo. Las dos desafinando. Descubro un poema en una postal dentro de uno de tus libros. "¿Es tuyo?", te pregunto. "No, querida", me dices "yo no tengo ningún talento". Mientes, Bego, mientes y lo peor es que no lo sabes. Tienes millones de talentos y has dejado agujeros tan profundos en todos nosotros que no podrán taparse jamás. Pero porque no queremos taparlos. Porque todos querríamos que siguieras a nuestro lado, recorriendo las Ramblas mientras nos reímos de quienes llevan colonia de pijos o vestidos imposibles. Eres mi ángel, lo sé. Me enseñaste mucho, aunque no lo pudieras saber o quisieras creer. Me enseñaste a ser valiente. A enfrentarme a mis miedos. Me diste las ganas de vivir que a ti te faltaban. Me enseñaste a mirar la vida por todos los lados. Me enseñaste el Romance del Conde Olinos. Me enseñaste a leer poesía en las estanterías llenas de libros de historia del abuelo. Me enseñaste a buscar más allá de lo que vemos. Me enseñaste la rabia. Me enseñaste la resignación. Pero acompañada de ganas de luchar. Me enseñaste a no rendirme. Me enseñaste la lasaña y los fideos de arroz con verduras. Si soy adicta al café creo que es por ti. Me enseñaste a llorar, llorar suave, llorar callado, llorar alto, llorar a gritos, llorar de cualquier forma, pero llorar. Te dolía la vida a la vez que la amabas. Amabas respirar mientras fumabas y te lanzabas de cabeza, directa, a estrujar esos pulmones que te alejaron de todos los que te queremos y seguimos pensando en ti tantas veces que pareciera que no te has ido, pero lo hiciste, lo hiciste. Y duele saberte ausente.

Allá donde estés quiero que sepas que no te hemos olvidado, ninguno. Tu hijo es un hombre bueno, hermoso, trabajador y feliz. Ha encontrado la paz y el amor. Yo sigo con mis luchas, pero voy venciendo poco a poco a mis demonios. Me gustaría que vieras en qué me he convertido, todo lo que he conseguido y estoy consiguiendo. Me gustaría que conocieras a mi hija ahora que ya no es un bebé, la adorarías. Y te alucinaría como me alucina a mí. Te consideré siempre mi hermana mayor. Eras mi madrina, mi dulce hada madrina. En los días y las noches, protegiéndome sin saberlo, sabiéndote a mi lado y sintiéndote cerca. Que sepas que toda esa oscuridad que te tragabas no podía apagar el enorme corazón que tenías. Pero sí apagó tus pulmones. No puedo evitar pensar que hoy cumplirías 60 años y que tenemos que celebrarlo, joder, porque 60 años es una edad increíble. Pero no estás aquí para celebrarlo. En cambio aquí estoy yo, de madrugada, llorando porque quiero abrazarte una última vez. Como aquel fin de semana que me escapé a tu casa a la espalda de la Sagrada Familia para verte en ese hospital donde te consumías. Y lloraste como una niña pequeña al verme porque no me esperabas. Y te abracé pensando que quizás no volvería a hacerlo... Y no volví a hacerlo... no a ese cuerpo menudo, pequeño, frágil que siempre me miraba con más amor del que yo creía merecer. Y en eso somos tan iguales: amamos tanto a los demás que nos olvidamos de amarnos a nosotras. Pero las coincidencias entre tú y yo no se quedan ahí. La enuresis nocturna que tanto tiempo se me ocultó que tú también padeciste tantos años. El amor imposible. La culpabilidad. La fusta interna que hace que seamos culpables de cualquier desastre que ocurra. El miedo. Pero la sonrisa para los demás, el abrazo incondicional y esa inmensa facilidad de escuchar y querer, de amar a pesar de todo, gracias a todo.

Una de las últimas frases que me dijiste fue para mí una de las más importantes de mi vida: "Pilar, cariño, no hagas con la comida lo que yo he hecho con el tabaco.". Y a punto he estado de fallarte. Pero no lo haré, no lo haré. Porque allá donde estés quiero que mires con orgullo que yo de ti he aprendido lo que no llegaste a creer nunca: las ganas de vivir.


Te echo de menos. Siempre te echaré de menos. Y nunca, nunca, nunca dejaré de quererte.

Autora: lolitpop (Isabel)
Más ilustraciones sobre la depresión: depression illustrations.

Más relatos de esta colección:  Amor, neurosis y vida
Mi playlist de Spotify sobre estos posts hoy ha crecido un poco más: Neurosis.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Bolso grande

Ha llovido mucho desde esta entrada en mi blog, y sigo llevando un bolso grande. Y por mucho que pase por el quirófano, seguiré llevando bolso grande. Siempre.

Bolso grande (diciembre de 2013)

viernes, 4 de agosto de 2017

Soy la Reina de los Mares

Soy la reina de los mares
y ustedes lo van a ver
tiro mi pañuelo al suelo
y lo vuelvo a recoger, a recoger.
Popular
Nací germen de plata en un río cerca del Mediterráneo.
Y era algodón dorado con tubérculos rizados.
Mis dedos soplaban gorgojos y leche en polvo.
Querían que fuese paloma blanca sobre fondo rojo.
Fui obediente y complaciente.
Hicieron de mí una torcaz suave que a los pocos años
se convirtió en lobo malo sin culpar a nadie.
Y entonces fui caperucita roja en una noche sin otoño.
Cociné bizcocho de nueces y canela pero sólo salió odio del horno.
Y otro lobo me devoró sin sombras que testificaran su culpa.
Me retorcí. Saqué las uñas. Prendí fuego con mi furia.
Y el lobo no me vomitó. Me retuvo en sus entrañas
hasta que crecieron pequeñas alas en mis pupilas doradas.
Volé, o creí hacerlo, hacia un pueblo sin aceras.
Escribí con tiza en todas las calles para mostrar mi dolor.
Y lloré sangre sin saber cómo. Me prestaron pañuelos de seda,
pero fueron inútiles. Para quemar mis náuseas tuve un plan.
Las sepulté bajo perlas arco iris que vaciaron mis tripas.
Las lavaron. Lo hicieron varias veces.
Lo intentaron con agua de montaña. Pero había polvo.
Y fui entonces ave fénix. Y mis cenizas llovieron.
Regué con ellas los escenarios de varias ciudades.
Me aplaudían. Me sentí cisne después de creerme patito feo.
Licencié mi sabiduría con tablas numéricas y fórmulas mágicas.
Pero acabé volviendo a mis libros de hechizos
para robar la felicidad de almohadas ajenas.
También fui princesa de fábula y tuve mi caballero.
Montaba un hermoso corcel negro mientras salía a mi encuentro.
Quiso derribar al dragón que me tenía encadenada.
Pero fue imposible. Me había enamorado de sus fauces de fuego.
El miedo me llevó de la mano de un príncipe gitano.
Las cataratas azabache que adornaban su rostro me dieron paz.
Me cantó bajo la luz de mi luna y me llevó a un palacio en el desierto.
Allí fui madre de una sirena de agua dulce.
Al poco volvió mi ser negro. Fui bruja volando en escoba.
Mi caldero espumaba incertidumbre y dolor.
Y no fui capaz de retener la erupción volcánica
que vertió todo eso sobre las alfombras de palacio.
Y me sentí perdida en un laberinto de hormigas.
Tuve que volver a llorar.
Y mis lágrimas fueron océanos con peces de colores
que mataron el desierto de mi palacio y lo llenaron de flores.
Al final me volví Reina de los Mares.
Y allí, entre mis truenos y mi incertidumbre,
no encontré delfines a los que contar mis penas.
Pero fui feliz. O eso creí.

Pilar Escamilla Fresco



domingo, 7 de mayo de 2017

Madre

El saber popular dice que madre no hay más que una, pero debería ser actualizado. En mi caso no hay más que una, pero a veces hay dos, o tres, o tiene que sustutuirla papá, o la abuela, o esa persona que te quiere, y a veces no hay ninguna, y tienes que hacer de madre de tus hermanos... Pero yo tengo una, y la mía es la que hace siempre las mejores croquetas, el mejor cocido, la mejor lasaña y el bizcocho más rico.

Yo tengo a mi madre, y tengo la suerte de poder disfrutarla de cerca siempre que podemos. Y ella a la suya. Somos afortunadas. Aunque la cabeza de mi abuela no sepamos muy bien dónde está, aún podemos abrazarla. Mi abuela Edisa, mi madre Fredesvinda, yo y mi hija Edisa. Somos cuatro generaciones de mujeres distintas. Pero que se quieren. Hoy, como todos los primeros domingos de mayo, deseo abrazarte y decirte, madre, que tengo en ti mis raíces más profundas y queridas (Raíces), que tú me has dado herramientas para ser yo madre y proteger a mi hija de cualquier cosa, hasta de los monstruos de sus pesadillas (Los monstruos tienen miedo de las mamás).

Y, como decía Nerea, del grupo Negar (que luego se llamó Estación Norte):

"Ahora que estás a mi lado,
ahora te quiero decir,
que voy a echarte de menos
cuando te tengas que ir..."

Os pongo un enlace para escuchar la banda sonora de hoy: Sin pijama

Subid el volumen y escuchad la letra.

Feliz día, mamá, te quiero mucho, mucho, mucho. Y lo sabes.

Y os dejo con una imagen...


Feliz día a todas las mamás, presentes y futuras.






martes, 4 de abril de 2017

El lobo respira libertad


Ilustración de: Shawn Coss

Muere lentamente quien pasa por la vida en la sustancia gris de la oficina al trabajo. Por eso tú no mueres lentamente, sino intensamente. Tres de la mañana. Mi sueño se apaga para ir al baño. Te descubro tecleando de manera compulsiva con la espalda algo corvada delante del ordenador. Tus ojos están rojos. Tus manos no sueltan ni el cigarro ni la cerveza. Y algo en tu mirada me dice que has vuelto a hacerlo, que has vuelto a vomitar los textos que mañana harán estremecer a todos tus lectores. Buscar tus manos mientras me pides que me siente a tu lado. Regar la noche con cerveza y aroma a tabaco barato. Besarte las orejas. Morderte el labio inferior. Abrazarte con fuerza. Sentir tu respiración en mi pecho mientras acaricias mis pezones. Robarte una canción. Escucharte cantarla. Tus hoyuelos de madrugada picarones y sonrientes. Sombras bajo los cuadros que adornan tus paredes. No quieres ni oír hablar de dibujos, bolis bic o similares. Eres Alberto, el de los libros. Te acuestas a mi lado. Me miras mientras mi respiración se corta porque la apnea quiere dejarme soñando en el inconsciente. Te asusta mi respiración, pero te has acostumbrado a ella. Sabes que antes del minuto de silencio vuelvo a coger aire. Me ahogo y lo sabes. Mi cuerpo me ahoga y me miras con pena y con cariño. No sé muy bien cuál sentimiento de esos dos es el más fuerte. Dices que me quieres con una voz dulce y pausada. Yo cierro los ojos. Quiero que me hables de tus fantasmas pero no me atrevo a preguntarte. Tiene que ser algo que tú quieras hacer. Hablar. Hablarme de las cámaras ocultas. Hablarme de las voces que ya no sé si sigues oyendo. De tu loro Charly. Tu madre llorando mientras te mira al otro lado de la puerta. Tú hibernando en una habitación que Marisa bautizó como la habitación del pánico. Abrazarte más fuerte de lo que lo haría una camisa de fuerza. Mamá y papá que te quieren mucho. Pero que no te entienden. Explota tu cabeza como una olla exprés repleta de palabras e imágenes. Lecturas por hacer. Lecturas iniciadas. Lecturas finalizadas. Erudito sólo con abrir los labios y pronunciar una palabra. Quién sabe de qué hablas. Pero hechizas a tu auditorio. Buscas a Serrat. Penélope. Con su bolso de piel marrón y sus zapatos de tacón y su vestido de domingo. ¿Me ves a mí con un bolso de piel marrón o con unos zapatos de tacón? Creo que ni tengo vestido de domingo. Penélope. Cantas con el cigarro sujeto por dos dedos largos con las uñas cuidadas. Me levanto a prepararme un café. ¿Quieres uno? Cargado, dos cucharadas de azúcar. Hazme las migas que me hacía mi abuela. Desnudar mis defensas al ritmo de Silvio. Dices que también hablo en sueños. Tú sólo roncas, a veces más, a veces menos. Depende de lo que hayas bebido antes de caer rendido. Tu voz dulce. Pilar... Pilar... ¿estás? Ese abrazo en medio de la sala. Tú en pijama. Yo a medio vestir. Ven esta noche. Quédate conmigo. Me gusta hablar contigo. Mañana madrugo, Alberto el de los libros. Yo necesito pagar mi hipoteca y trabajar. No quiero dormir, sino estar a tu lado, beberme tus palabras a sorbos de cebada con limón y dejarme mecer por el vaho de las ventanas de una terraza cerrada. Un perro en una calle sin asfaltar en un pueblo. Un pueblo lleno de borracheras y resacas de infierno. Cristales y polvos mágicos. El sueño de una inteligencia cuya imaginación desborda de imágenes los cuadernos. Recrearme en tus labios. Una pantalla desprotegida de tu imaginación a la que atacas a golpe de teclado con la mirada ida. Resistir en medio del miedo. El encierro. No entiendo nada, mamá. ¿Dónde estás, mamá? Ven a buscarme, hace frío y estoy solo. El señor de la bata blanca me mira mal. Dice que no vendrás a por mí. Sácame. Llévame de vuelta con la abuela Ciriaca. Quiero sacar a Charly de su jaula para conversar con él sobre unos textos inéditos de Wallace. Me dijo que quería que le siguiera leyendo más capítulos. Cariño, sé que necesitas descansar, pero cuánto quiero que te quedes conmigo más tiempo. Ven a sentarte a mi lado. Bésame. Abre la boca. Abre más la boca. ¿Te gustan mis besos? ¿Soy guapo? Perdóname, estoy muy borracho. Acuéstate si quieres. Pero cuánto me gustaría que te quedases conmigo charlando. 



Ilustraciones arquitectónicas de de F. Babina. Fuente


Más:  Amor, neurosis y vida

lunes, 3 de abril de 2017

Vuelo en el desierto



Al final de la nube, un halcón te ignora. Despliegas tus alas de nailon sobre el verde nevado. Vuela, vuela alto. Vete lejos donde los conflictos se hacen minúsculos y desaparecen bajo el microscopio. Ser una célula cancerígena que se reproduce por doquier y dejar de buscar el escrutinio sobre las mayúsculas en un puente elevado. Agarra tu mochila, que no se la lleven. Dentro cables, adaptadores y el cerebro de tu primer oso de peluche. Rescata esa pestaña suicida que se cuela entre tu nariz y tu labio superior. La barba negra, rizada, poblada. Recoge los cabellos que despejan la frente iluminada por el cansancio. Insatisfacción bronceada bajo un puente del Teleno al infierno. Un río de hadas que sobrevuelan cantos rodados y nieves perpetuas. Una torre se cruza en el infinito de tus pesadillas. Caminando entre chabolas que se cruzan con las luces perpetuas de la Castellana. Y cierras los ojos. Los parpados raspan granos de arena con las pupilas marrones que no quieren chillar. Es el desierto. Sudán a tus pies. Arena suave como polvo de talco tostado al sol. Se hunden los pies. Camuflas los dedos tras las sandalias de esparto. Llueve polvo. Llueve polvo. Y la arena se mezcla con la sed de tus labios resecos. Vuelves a tu cama. A la almohada de los deseos de aquella que no amas. A los sueños palpitantes de los sexos de todas las mujeres a las que amaste. A los ríos de pólvora que sembraste en plazas de grano de siglos pasados. Silencio. Silencio. Silencio. Crees que tu cabeza no puede más. Estallará y extenderá la metralla por todos los acantilados del Atlántico. Volar como un pájaro. Ser ese halcón que vuelve a ignorarte frente a ti. Las nubes bajas. Las sombras de los cuatro molinos de Don Quijote sobre el Parque Norte. Sentirte pequeño, encogerte, hundirte en el hormiguero que es el metro de Madrid. Vuela. El metro de Madrid vuela. Pero tú no vuelas. Inviertes tus días y tus noches en consumir lo que ganas, en beberte lo que queda de tus nóminas tras pagar el alquiler y las facturas. Zumo de cebada y lúpulo. Espuma. Charlas. La soledad entre los millones de vidas cercanas. Gente que te quiere. Gente que te llama. Gente que te habla. Demasiadas palabras. Te ahogan. Te ahogas. Cierras los ojos. Una playa inmensa ante tus pies, también descalzos. El silencio del mar calmo del meridiano. Olas pequeñas. Ni un alma. Y una arena esta vez blanca y suave. Ahora sí parecen polvos de talco. Hundes tus pies descalzos. Polvos de talco que tu madre, Margarita, usaba contigo y con tu hermano de pequeños. Ven, te dice, dame un abrazo. Hijo, no seas tonto, no dejes el trabajo. Hijo, ven a mi lado. ¿Estás bien? El Parque de los Reyes de España, unos columpios sin niños y la bicicleta atravesando la ciudad. Y la música perenne en tu cabeza. Simuladores de vuelo. Cuatro cuerdas. Seis cuerdas. Un ukelele, diez guitarras, una calimba, un contrabajo, el ruido de las mudanzas sobre las pesadillas. Atrapar las pesadillas con una red india. Ventanas con vistas al infinito y más allá. Socorros sobre asfalto en carreteras de pago. Una motocicleta sin conductor. Los ruidos del tractor recogiendo los fardos de paja al acabar el verano. Las moras al lado del río. Meriendas con nocilla y chorizo. Baños sin ropa. Las chicas del pueblo crecen. Crecen sus cuerpos. Crecen. Aguadillas y besos robados sin oxígeno. No respires. Abrázame. Abrázame fuerte. Toma mi lengua en el paladar de tus encías. Vuelve el nailon donde los halcones hacen sus nidos. Aterrizajes sin señales de tráfico, stops ni direcciones únicas. Quizás el tobillo flojea pero no es hora de llorar. Los hombres no lloran. Los hombres no lloran. Los hombres no lloran. La plaza de Santa Ana, la fuente de los Siete Caños. Buscar tras los sauces las lágrimas que los hombres no derraman. Dos ríos para una ciudad de reinos visigodos. Que no me falte el aire. Mar y cometas sobre la playa. Células madre. Envejecer o vivir eternamente. Soñar que eres inmortal. Sólo puede quedar uno. Pero eso es falso. El cáncer avanza. Enfermedad del siglo XX. Enfermedad del siglo XXI. Cáncer sobre fondo rojo de puesta de sol en medio del desierto. La arena en dos copas de vino tras el cristal de la vitrina. Cuchillo bereber para partir los alimentos. Se me queman los pies. En la playa y en el desierto, el sol convierte los granos de arena en carbones de un incendio. Mover el cuerpo hacia la izquierda. No estarse quieto. La música de Riaño sobre un acantilado blanco. Cómo hacerla comprender que no la quieres de compañera. El amor duele. Te duelen las encías, te duelen la rodilla derecha, el tobillo izquierdo. Escaleras para un cuarto en piso compartido. Nubes, nubes y nubes. Estrellas sin polvo ni ceniza. Eccemas. Tu piel se cae como tus recuerdos. Vuelves al pueblo. Al fogón de la abuela. A los cuentos al pie de la cama. Al silencio de una noche plagada sólo de grillos. A salir a la calle tras el colacao y las galletas maría y recorrer las calles llenas de cagarrutas de oveja, pequeños conguitos que riegan el recorrido de la cañada. El lúpulo en la carretera. Volver al canal a mojar los pies y a bañarse desnudo. Cinco años y una guitarra hecha con hilos y una caja de madera. Cerrar los ojos. Descansar... simplemente.



Las imágenes de este post son del libro "El árbol rojo" de Shaun Tan. Más información: Shaun Tan


Más:  Amor, neurosis y vida.

domingo, 2 de abril de 2017

El día en que fui Regina



Me llega el olor de las manzanas reinetas en el horno, hundidas dentro del bizcocho. Tus bizcochos en el desayuno. Las rosquillas, las miles de rosquillas que nos duraban apenas dos semanas una vez en nuestra casa. Tus mejillas sonrosadas, tu piel suave y tus manos ásperas, torcidas, pero cariciosas. Siempre tus labios en una sonrisa que silbaba y sonaba a pueblo y leche recién ordeñada. Cuando llegaban los calores y el final del curso a mí siempre me olía a moras, a río y a lúpulo. A las risas de la pandilla estival y a tus historias al pie de los fogones y de la mesa camilla. Tu casa era un cuento con gallinas y conejos, y un pequeño huerto con laurel y calabacines. Quisiste enseñarme a tejer y yo me resistía, quería escribir, leer y salir con los amigos. Ahora me arrepiento. Porque ahora soy yo quien quisiera pedirte que me enseñaras, pero aunque tu cuerpo sigue aquí, tú hace más de diez años que empezaste a irte. Nos dijeron que tu cabeza ya no era tu cabeza. Y empezamos a verte cada vez menos laboriosa, sin saber que para freír un huevo hay que cascarlo primero. Te hemos ido todos cogiendo de la mano para que no te sientas sola en este camino que recorres despacio y confundida por los laberintos de una memoria desmemoriada que ya no recuerda dónde está, con quién está ni casi quién es. Ahora lo que recuerdas no es lo que comiste a medio día, o lo que hiciste esta mañana, sino el olor de la cocina de tu madre antes de quedarte huérfana y antes de tener que cuidar de tus hermanos. Me hablas de tu escuela, lo poco que pudiste estudiar, de tus hermanos y de tus hermanas. Todos estos años se nos ha ido rompiendo el corazón al verte ir tan despacio, pero nos consuela saber que podemos seguir abrazándote, aunque ya no sepas quién de nosotros te abraza. Echo de menos tu mirada despierta dándome los buenos días, regañándome por poner los codos en la mesa, la música eterna que llevabas siempre contigo. Ya no silbas. Ahora miras a tu alrededor, confundida pero aparentemente tranquila. El día que me llamaste como a tu hermana Regina fue uno de los más tristes de mi vida. Me mirabas y yo ya no sabía a quién veías, con quién creías estar ni dónde. Sólo sé que me dijiste, con una voz firme y dulce: Regina, mira a ver si los niños están ya dormidos. Era la hora del almuerzo y tú estabas coloreando aún con varios tonos y con punta en los lapiceros. Ahora sólo usas un color, lo llenas todo con el mismo tono, y si se te acaba la punta, o se te rompe, sigues pintando con fuerza, apretando cada vez más porque ves que no pinta y no sabes por qué, con tanta fuerza que rompes los libros de colorear y llegas a la mesa. Siempre moviéndote, siempre queriendo hacer cosas, siempre inquieta, siempre presente. Y vuelvo a oler a manzanas reinetas. Veo tus agujas moverse al ritmo trepidante que hace que tus manos casi se vuelvan invisibles. Tejes, tejes, tejes. Tejer es tu pócima mágica. Y con los hilos que compras haces colchas, manteles, cojines, muñecas... De tus manos sale cualquier cosa que se pueda imaginar. Aunque tengas que usar un almíbar casero para endurecer las telas y formar así cestos rígidos de ganchillo. Las manos se te tuercen, los dedos se disparan cada uno en una dirección, tus manos gruesas, fuertes, ágiles... Te duelen. Pero no paras. Ahora si tejes es con las agujas de hacer punto. Pero los puntos se pierden en tu memoria y te pasas el día preguntando si eran 30 ó 50, y como Penélope, destejiendo cada rato sin llegar a ningún lado. Has de saber que el día que tu cuerpo nos falte (porque tú ya nos faltas) lloraremos todos: tus hijas, tus nietos y tus biznietos. Porque eres la mujer más hermosa que hemos conocido. Y de tu amor hemos mamado todos. A veces me siento a tu lado y te miro, te cojo la mano y te digo: abuela, te quiero mucho. Y me acaricias con la otra mano y me dices, y yo a ti también. Pero luego me miras y no sé a quién ves. Los nombres, los tiempos, los lugares... todo es una bruma borrosa que al menos ahora ya no te asusta demasiado. Quizás porque ya no eres consciente de que eso debería asustarte. Mataría por volver a comer sólo un día una de tus croquetas, o por volver a meter la cuchara en una de tus sopas de ajo. Por volverme a meter en esa cama plegable que era la mía cuando estaba en tu casa y taparme con esas mantas de lana que picaban pero que agradecía y buscaba. Mataría, Edisa, por volver a escuchar tus silbidos la música de tus pasos arriba y abajo en el pasillo de tu casa del pueblo.


Ilustración de F. Babina

Más:  Amor, neurosis y vida.

viernes, 31 de marzo de 2017

Extremos consecutivos

Compartimos un colacao con las rosquillas que ayer estuvo haciendo la abuela Edisa. La leche hierve en el hornillo mientras la abuela la observa con mimo. Te ofrezco mi mano de neurótica creativa. Me entrego a la vida con ganas de perderme en el laberinto de las emociones que una infancia compartida diluye en el olvido. La litera de arriba, los cascos y un radiocasette que cae sobre quien duerme. El insomnio. Vuelve tu estómago al mío. Las croquetas de cocido, la leche frita, el pollo a l'ast con coles de bruselas y zanahorias rehogadas. Vomitar. Correr. Comer. Vuelta a empezar. Programar una pantalla negra para que lance colores fosforitos aleatoriamente cada segundo. Volar estirando los brazos al ritmo de Big in Japan. Revolver tus cosas para robarte los discos de U2 y Depeche Mode. Tu guitarra rota y reparada. Unas cuerdas que vienen a mi encuentro con la melodía del Romance Anónimo. Las notas en los márgenes de los libros de Miller y Nin. Bach a todo volumen, Bach en mi conciencia, Bach en mi recuerdo. La Chacona en modo obsesivo a todas horas y en absolutamente todas sus versiones disponibles. El silencio. Callar y no hablar. Más silencio. Fumar y cocinar. Canela. Una cerveza en mi nevera siempre esperándote. Tus ojos fieles, sencillos, vivos. Siempre a mi lado, siempre ayudando. Volver. Que veinte años no son nada. Empezar a hablar. Escuchar. Empezar y no parar. Un tercero cerca de mi casa. Jugar en el jardín. Las barbacoas. Tú al fuego con las pinzas y la carne y la verdura, siempre atento a la parrilla. El teléfono. Saber que estarás cuando no esté yo. Tenerte. Agradecerte. Intentar cuidarte. Sencillamente, amarte.

bipolaridad

Ilustración de F. Babina
Fuente


jueves, 30 de marzo de 2017

Amor, neurosis y vida

“I disregard the proportions, the measures, the tempo of the ordinary world. I refuse to live in the ordinary world as ordinary women. To enter ordinary relationships. I want ecstasy. I am a neurotic — in the sense that I live in my world. I will not adjust myself to the world. I am adjusted to myself.” Anaïs Nin 


Soy de naturaleza neurótica. Me pueden definir muchos trastornos y se me pueden poner -y se me han puesto- muchas etiquetas: obesidad, ansiedad, depresión, insomnio, suicido, trastorno obsesivo compulsivo, distimia, ingesta compulsiva... podría seguir y poner unas cuantas más. En verdad creo que lo que me define mejor no es tanto lo que me han dicho que soy o lo que siento que soy como lo que son quienes me rodean. Me gusta el amor. El amor en todas sus dimensiones. Amo a las personas que por méritos propios han entrado en mi vida y se quedan, quieran o no quieran. Estas personas son las más creativas, las más pasionales, las que me llenan y vacían de energía y de vida. Amo a quienes me inyectan de locura, su locura me nutre y me hace estar más viva, a vivir de forma más intensa. Ya lo decía Bukowski: "Alguna gente no enloquece nunca. Qué vida verdaderamente horrible deben tener.". Os amo por hacer mi vida plena.

Inicio hoy un proyecto personal. Publicaré textos sobre algunas de estas personas a las que no puedo evitar amar y sobre sus locuras.

Irán apareciendo poco a poco en este blog e iré poniendo aquí los enlaces a modo de recopilatorio.

Acompaña una playlist de Spotify que crece con cada publicación: Neurosis.

Algunos de mis amados:

Ilustraciones de: Shawn Coss

martes, 21 de marzo de 2017

Rosalba Carriera

Pasado ya un tiempo prudencial desde su publicación, me atrevo a compartir con vosotros este relato que escribí inspirado en la pintora veneciana Rosalba Carriera.

SIGNORINA ROSALBA, por Pilar Escamilla Fresco

Espero que os guste. Feliz lectura.

Os pongo algunos enlaces sobre esta fascinante mujer:

Autorretrato de Rosalba

SIGNORINA ROSALBA, por Pilar Escamilla Fresco



Ahora gire la cabeza y el torso hacia el ventanal de la izquierda y luego, sin mover el cuerpo, intente mirarme. Así, muy bien. Sonría, tiene usted una sonrisa preciosa, ¿lo sabe? Quiero ver sus dientes bajo los labios. Hermosos labios, Mrs. Whitbread, si me lo permite. Tiene además una piel exquisita. Se notan los cuidados que le da. Le ruego que permanezca quieta mientras tomo notas para su nuevo retrato.

Rosalba estaba acostumbrada a este trabajo. Disfrutaba con cada nuevo encargo. Intentaba sacar lo mejor de cada uno de sus clientes. Nunca uno se marchó insatisfecho. Empezó con su tarea. Sacó un cuaderno grande de bocetos y empezó a deslizar ágilmente su mano por la hoja en blanco. Mistress Anne Whitbread estaba frente a ella. Era una mujer atractiva y dulce pero ya los años y sus cinco hijos empezaban a hacer mella en su piel y en su mirada. Rosalba podía recordarla perfectamente hace quince años. Vino con su prima Elizabeth y le encargaron sendos retratos. Sonrió con nostalgia recordando y continuó con su boceto...

miércoles, 15 de marzo de 2017

El loco cuerdo

Un loco anda cuerdo,
Y yo…le quiero,
Antonio Sánchez García

Se le va la mirada hacia las manos.
Pide prestado un beso con lengua
mientras juega con unos pechos sin sostén.
Bebe cerveza fría y sonríe al frente.
La vida, a veces, puede ser bella.
O al menos parecerlo.
Hay sábanas arrugadas al pie de la cama,
una almohada encima de otra,
dos silencios que no callan.
Un loco anda cuerdo
hablando de literatura y de vida.
Un loco señala botones
y provoca a vecinas entrometidas.
Se enciende un cigarro, 
deja caer un poco los dedos
y sopla el humo hacia un lado.
La ceniza se acumula sin caer.
Está la locura llena de farmacias 
convertidas en armarios de cocina.
Hay milagros que ninguna droga
puede siquiera entender.
El insomnio se cuela bajo sus uñas.
Gritas sin saber cómo detenerlo.
Un león sueña a tu lado.
El loco se está vengando.
La noche gime entre paredes
hechas con papel de fumar.

Y tú, tú… tú sabes que el loco no es él.


sábado, 11 de marzo de 2017

Azores


Azores


Sangre nuestra que estás en la tierra
llorado sea tu nombre
venga a nosotros tu llanto…

Nueva York, 11 de septiembre de 2001
Más de 3.000 muertos

El siglo comienza y cientos de almas
vagan perdidas por los cielos de Nueva York,
asustadas por la terrible conciencia de la realidad.
El mundo mira expectante
cómo caen los cuerpos desde la nada
mientras los que los salvan
yacen sepultados por estructuras de toneladas.
En distintos puntos del país
los aviones despiertan las alarmas
y el miedo se apodera de todos los corazones.
Internet, como siempre, es el primero
en propagar las noticias nuevas,
mientras las torres de Manhattan
caen, en directo, para todo el planeta.

In God We Trust
...

Amigos nuestros que estáis en los cielos
santificados sean vuestros nombres
que vuestra gente siempre encuentre nuestro hombro,
que nunca se borrará la memoria…Azores

Sangre nuestra que estás en la tierra
llorado sea tu nombre
venga a nosotros tu llanto…

Nueva York, 11 de septiembre de 2001
Más de 3.000 muertos

El siglo comienza y cientos de almas
vagan perdidas por los cielos de Nueva York,
asustadas por la terrible conciencia de la realidad.
El mundo mira expectante
cómo caen los cuerpos desde la nada
mientras los que los salvan
yacen sepultados por estructuras de toneladas.
En distintos puntos del país
los aviones despiertan las alarmas
y el miedo se apodera de todos los corazones.
Internet, como siempre, es el primero
en propagar las noticias nuevas,
mientras las torres de Manhattan
caen, en directo, para todo el planeta.

In God We Trust
...

Amigos nuestros que estáis en los cielos
santificados sean vuestros nombres
que vuestra gente siempre encuentre nuestro hombro,
que nunca se borrará la memoria…

Madrid, 11 de marzo de 2004
192 muertos, 1.800 heridos

En las estaciones, miles de ciudadanos
intercambian miradas de cansancio
temprano, aún de madrugada.
En los vagones, la gente cierra los ojos
y sueña con continuar aún en sus camas.
Los trenes llevan todos los días
gente a sus trabajos,
estudiantes a sus clases.
Ese día, los sueños explotaron 
con las conciencias aún dormidas.

Dios, Patria y Honor
...

Sangre nuestra que estás en la tierra,
maldito sea el nombre divino
que te derrama.

Londres, 7 de julio de 2005
56 muertos, 700 heridos

Bajo el suelo de la ciudad
la vida viaja por túneles oscuros.
Trasladan vidas, sueños, deseos
que en la madrugada se alejan de su hogar.
Bajo el cielo de la ciudad,
el sol despunta en el horizonte
y aún parece demasiado temprano
para que la niebla haga acto de presencia.
En silencio, la discreción inglesa se cruza
con un mestizaje de otras culturas,
de otros colores, de otros pueblos.
Otro jueves, miles de mensajes
se perdieron en el camino.

God Save The Queen

Sangre nuestra que estás bajo tierra,
bendice nuestros pecados,
líbranos del mal,
ahuyenta nuestros miedos,
salva nuestras conciencias.

“Paren, en nombre de Dios”
y en nombre de Dios, matan.

Las Azores pasarán a la historia
como sangre nuestra que estás en la tierra...
Dios mío, ¿dónde dejaste la vergüenza?
¿dónde te olvidaste la memoria?
¿dónde estás?


Madrid, 11 de marzo de 2004
192 muertos, 1.800 heridos

En las estaciones, miles de ciudadanos
intercambian miradas de cansancio
temprano, aún de madrugada.
En los vagones, la gente cierra los ojos
y sueña con continuar aún en sus camas.
Los trenes llevan todos los días
gente a sus trabajos,
estudiantes a sus clases.
Ese día, los sueños explotaron
con las conciencias aún dormidas.

Dios, Patria y Honor
...

Sangre nuestra que estás en la tierra,
maldito sea el nombre divino
que te derrama.

Londres, 7 de julio de 2005
56 muertos, 700 heridos

Bajo el suelo de la ciudad
la vida viaja por túneles oscuros.
Trasladan vidas, sueños, deseos
que en la madrugada se alejan de su hogar.
Bajo el cielo de la ciudad,
el sol despunta en el horizonte
y aún parece demasiado temprano
para que la niebla haga acto de presencia.
En silencio, la discreción inglesa se cruza
con un mestizaje de otras culturas,
de otros colores, de otros pueblos.
Otro jueves, miles de mensajes
se perdieron en el camino.

God Save The Queen

Sangre nuestra que estás bajo tierra,
bendice nuestros pecados,
líbranos del mal,
ahuyenta nuestros miedos,
salva nuestras conciencias.

Paren, en nombre de Dios”
y en nombre de Dios, matan.

Las Azores pasarán a la historia
como sangre nuestra que estás en la tierra...
Dios mío, ¿dónde dejaste la vergüenza?
¿dónde te olvidaste la memoria?
¿dónde estás?


lunes, 6 de marzo de 2017

Segundo poema

Recupero mi afán de compartir poemas de mi pasado.

Esta entrada es del pleistoceno anterior. Está publicado en mi anterior libro Mi sombra sobre la falda de la montaña. Si tienes curiosidad por leerlo puedes comprarme un ejemplar (son sólo 10€) o te lo puedes descargar (sí, te lo doy gratis en digital) aquí: 

http://pilarfresco.blogspot.com.es/p/publicaciones.html

Feliz lectura.

Este poema tiene una dedicatoria especial: al hombre libre. Al hombre que vuela libre, que ama libre, que sueña libre, que vive libre.

Sed benévolos. Es de los años 96-97. Todos éramos otros entonces.


SEGUNDO POEMA

Te dejo con tu libertad.
Volverás a mi vida
(o quizás vuelva yo a la tuya);
volverás a desear mi calor
(y quizás te lo dé yo).
Pero hoy dejo que vueles
en pos de una vida,
de tu vida en libertad.
Te dejo con tu silencio.
Cuando nos veamos volverás
a recitarme de memoria poemas
(o quizás sean las canciones
que silba el viento tras la puerta).
Pero hoy te alejas,
mirando sin mirar.
Y te dejo ir.
Quiero creer que las caricias
húmedas que siembras
en mi espalda
volverán contigo...
Te vas. Y te dejo ir.
Una mentira piadosa,
¿lo sabemos?
Yo no quiero reconocerlo.
Te dejo con tus grandes alas.
Esas que volverán a abrazarme
cuando vuelvas y me veas
(o quizás no te atrevas,
o quizás nunca vuelvas).
Te dejo marchar y el miedo...
No sé si deseo que se vaya.
Su presencia, dulce, es como tú.
A mi lado el miedo camina
de puntillas, para no herirme.
Como tú, que te alejas rápido,
mirando sin mirar,
porque sabes y no quieres,
que nuestras miradas se crucen.
Volverás a besarme ¿verdad?
Lo haces tan bien...
Pero ahora te vas lejos
y yo... yo te dejo ir
con tu libertad,
con tu silencio,
con tus grandes alas,
con tus besos
(con tus tiernos besos).

sábado, 4 de marzo de 2017

Princesa

Vísteme con la capacidad que tienes
de verme sin mirarme
y de mirarme sin verme,
de desnudar el chocolate de mi rostro
cuando me llamas princesa,
y sentir el áspero tacto
de la madera de tu piel
en mis mejillas.
Abrázame sin pedírtelo.
Y búscame de madrugada
antes de que deje de
.                       necesitarte
.                                        yo
.                                               a
.                                                      ti.

miércoles, 25 de enero de 2017

Naufragio sin cometas

"y levantas las cejas como cometas
que se burlan del viento contrario"
Nico de Brozas 
.                                                    Para Yolanda


Hay estrellas que señalan el norte
e indican dónde virar el barco antes del naufragio.
En el silencio de esta noche sin luna
una cometa se cuela bajo mis párpados.
Rompo una arteria buscando el escape
de este embotellamiento gris que ahoga.
Y la tormenta fluye hacia los sonidos
que mi iris refleja de madrugada.

Las sombras me miran, me miran solas.
Como fantasmas al otro lado del pasillo.

Puedes decirme que deseas fumarte
la piel que bordea mi estómago;
que seré yo quien te lleve de la mano
a navegar los pájaros que habitan sueños;
a recorrer los silencios de mis cabellos.

Sé de tus pesadillas como si fueran mías.

Dormiré en un azul sin nubes
al pie de un espejo con enredadera.
Y te buscaré de madrugada
mientras crees que te alejas.
Soñaré que las grietas de mis humores
se cuelan por la persiana de tu dolor.
Y las callaré cuando griten mis dedos.

Porque sólo conmigo y contigo
el día a día es trinchera y asilo.

martes, 10 de enero de 2017

De morfina y tortugas

Metida en mí me convierto en tortuga y empiezo a caminar despacito y en silencio, a esconderme bajo mi caparazón y a no mirar más allá del suelo... entonces llega el gran Pepe Ramos y me arrastra de golpe a la realidad, me hace pegar un bote con un chute de morfina para calmar el dolor y poder entender que toda mi mierda es poca o nada cuando un amigo tiene dolores reales. Que me deje de memorias desmemoriadas, de ánimo desanimado y que salga a comerme las calles. Y de paso, a comerme las miradas de quienes no creen que pueda aún correr tras ellos.

Hace un año, un poco más, que conseguí que Pepe posara para mí y desnudara su mirada ante mi cámara que incrédula sólo se echó a temblar y trató de capturar aquello que me regalaba desinteresadamente. La sesión fue una de las mejores que he vivido, por el modelo y por los resultados.

Podéis verlos aquí: http://fotografia-caradeluna.blogspot.com.es/2016/01/pepe-ramos.html

Pero lo que no podéis es dejar de leer a este gran poeta, de admirarle y de escucharle cuando se muestra como el más sinvergüenza de la noche madrileña en el Vergüenza Ajena.

Y por él, por su vesícula, por las arterias, por la morfina, por mi caparazón, por mi cuello haciéndose pequeño, por mis piernas arrastrándose por las calles de Madrid y por esa magia que es la poesía hecha imagen, voz y palabra... desde aquí, un enorme abrazosa (abrazo de osa). Bueno, un beso abrazado ahora, y cuando te recuperes un abrazosa en condiciones.

Su sitio: http://peperamosonline.blogspot.com.es/


miércoles, 4 de enero de 2017

La loca soy yo

La loca soy yo cuando me convierto
en un globo aerostático que vuela a tu lado
y tú sólo deseas lanzarte desde la roca más alta
para volar entre aquellos pájaros.

La loca soy yo que recorro tus venas
y me quedo atascada entre tu codo y tu muñeca.

A veces el silencio mata.
A veces matan las palabras.

Pierdo la fuerza que necesito para seguir caminando,
para dar, despacio, un paso tras otro,
para que mis pies no se arrastren por el suelo
y sean capaces de llegar al final de esa calle
o a esa esquina donde he quedado contigo.
Porque no soporto sentir el dolor en mis piernas,
y porque no dejo de sentirlo;
porque soñar ya se ha convertido en un deporte de riesgo;
y si ahogo mis ronquidos con la ventana abierta
arrastro las cortinas a la calle.

Sí, la loca soy yo yo porque me sumerjo donde no debo,
porque me bebo lo que no debo,
porque devoro lo que no debo.

La loca soy yo por llenarme de capas,
por convertirme en muñeca rusa y esconderme de la vida,
huir y darte una excusa para no volver a mi lado.

La loca soy yo cuando te miro y no me reconozco.
Cuando ignoro que mis manos se duermen escribiendo,
o que mis ojos se nublan ahogados al sentarse en este banco.

La loca soy yo cambiándome el peinado y el color del pelo
sin conseguir reconocer este rostro como propio.
La loca soy yo que en el silencio de mi mentira
sigo adelante sin sacar de dentro la llaga
y el silencio roto en el que me abrazo cada noche
cuando vuelvo a a este cuarto azul en el que ya no vivo
y siento que la loca soy yo cuando me miro al espejo y no te veo...